Tras la clasificación a los cuartos de final del Mundial de Japón y Corea, la afición futbolística alemana ha empezado a invocar el espíritu de 1954, cuando los germanos consiguieron su primer título mundial, y ha recuperado la fe en su selección a la que muchos no veían pasar de la primera ronda.
La meta oficial era alcanzar los cuartos de final y ya se ha cumplido pero, en parte gracias a la suerte que ha tenido Alemania en los emparejamientos, todo el mundo espera ahora al menos la semifinal y da por descontada una victoria del equipo de Rudi Voeller ante Estados Unidos.