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Algo sobre zarzuela y ópera fuera del armario

Cantus Interruptus El inmenso amor que Santiago sentía por Giacomo lo hizo cambiar sus gustos musicales, aunque sin mucho esfuerzo.


Emiliano Pardo-Tristán (Compositor y guitarrista) /

Giacomo y Santiago eran una pareja homosexual, que más que pareja parecían hermanos gemelos. Los dos eran gorditos, calvos y llevaban bigotes a lo Freddie Mercury. Tenían alrededor de cincuenta años. Giacomo era italiano y Santiago español y se habían conocido en La Scala de Milán cuando ambos eran heterosexuales, casados, con hijos, y casi felices. Santiago en aquel tiempo trabajaba para la Fiat y había ido a Milán para una convención de negocios de la empresa. Giacomo era cocinero, había nacido en Busseto, muy cerca de Le Rencole, el pueblo donde pasó toda su vida el compositor Giuseppe Verdi. Cuando se casó, se fue a vivir con su mujer a Milán, en donde abrió una pequeña fonda, a pocas cuadras de La Scala.

Ambos eran aficionados a la música. A Giacomo le gustaba la ópera y a Santiago la zarzuela que a Giacomo le parecía un remedo de las óperas italianas, hecho con el peor de los gustos. El inmenso amor que Santiago sentía por Giacomo lo hizo cambiar sus gustos musicales, aunque sin mucho esfuerzo. Dejó de escuchar Luisa Fernanda, La verbena de la paloma, La Gran Vía, para experimentar con el bel canto de Rossini y Donizetti, y sobre todo con las óperas de Verdi que eran la fascinación de Giacomo.

Una noche romántica de riojas y prosciutto, Santiago quiso convencer a Giacomo de la importancia de la zarzuela, haciéndole ver que el género había trascendido las fronteras españolas. Desenpolvó un disco de la cantante Atang de la Rama (la reina de la zarzuela filipina), en una interpretación de "Dalagang Bukid" (La muchacha campesina), pero como estaba cantado en idioma tagálog, (idioma que ninguno de los dos hablaban) Giacomo no tuvo paciencia y en menos de cinco minutos le pidió que por favor quitara aquel enredo sonoro, aunque por cortesía —más que por sinceridad— elogió a la cantante.

La vez que se conocieron en Milán, el destino (que siempre juega a las coincidencias) los había sentado juntos en uno de los palcos de La Scala. La ópera Rigoletto fue el marco perfecto para un amor a primer oído, que luego los llevó a sincerarse con sus esposas y con ellos mismos, reconocieron sus preferencias y la atracción desaforada y reprimida que sentían por el mismo sexo y que por pudor habían ocultado en sus respectivos armarios. Como un recuerdo imperecedero al frenesí huracanado que vivieron en Milán cuando se conocieron y escucharon juntos por primera vez "La donna è mobile", decidieron abrir un café restaurante en Madrid, al que le pusieron por nombre y por mutuo acuerdo: "El bufón jorobado".

 


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916784
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América