Ay, Juliano, qué razón tenías. Vista de lince y luces largas. Qué desastre ha formado en la humanidad el dichoso monoteísmo y la salvación eterna de las almas en un Paraíso inefable. No digan que no se lo he avisado por activa y por pasiva en más de una ocasión. La Iglesia vuelve por sus fueros. Como consideraban que, durante un tiempito habían perdido influencia en el devenir de los asuntos humanos en éste país, han encontrado ahora la oportunidad de retomar el terreno perdido. Y están reconquistando parcelas de poder como si no hubiera o hubiese un mañana. O tratando. Y al parecer les dejan.
Yo no sé si debo reírme, llorar, o preocuparme cuando leo párrafos como éste en la página web del diario El Siglo: “El administrador de la Autoridad de Turismo, Jesús Sierra, y monseñor José Domingo Ulloa, se reunieron con el objetivo de conversar varios temas como (…) el rescate de las fiestas del Carnaval. El religioso hizo énfasis en que en los “últimos años se ha ido desvirtuando estas fiestas (sic)” (…) De igual manera, Sierra considera necesario organizar eventos de manera “más elegante porque ese espectáculo chabacano, que raya con la inmoralidad, no son necesarios para divertirse (sic)”. Sierra señaló que la ATP empezará a trabajar para que las festividades carnestoléndicas se realcen con un toque más familiar”.
Así estamos. Así somos. Infantes desvalidos que necesitan la guía amorosa de nuestra Santa Madre Iglesia para no descarriarnos por los procelosos mares de la depravación y el vicio. Que nuestras almas son frágiles y vete tú a saber si no somos capaces de mantenerlas puras y listas para subir directas a las glorias celestiales a departir, lira en mano, con los querubines y demás parafernalia de cantalantes divinos.
Porque los carnavales son ocasión de pecados sin cuento y maldades sin freno. La gente se emborracha. ¡Pecado! La gente fornica ¡Pecado! Algunos incluso aprovechan el desmadre para abusar de substancias ilícitas ¡Anatema!
De modo y manera que nuestro buen Gobierno, rosario en mano, preocupado como se debe, no por la buena marcha del país y de la economía, no por el desabastecimiento de papas en algunos supermercados, no por el incremento de la delincuencia, sino por la salvación de nuestras almas inmortales, ha decidido apoyar a la Iglesia en el control férreo de estas fiestas perversas.
Pues mira tú qué bien. Ahora lo único que nos queda por ver, a los que nos interesa la estupidez humana, es observar si lo consiguen, y cómo. ¿Se multará a los que caminen por el Parque Porras con una copa de más? ¿Habrá Junta de Censura a la entrada de la vereda cervecera asegurándose de que la largura de los pantalones cortos es garantía del adecuado ocultamiento de las partes pudendas de las usuarias? ¿Habrá agentes encubiertos que multarán los bailes obscenos y los movimientos sensuales? ¿Cárcel para los que coreen letras subidas de tono?
Espero ansiosa que me desglosen los métodos que piensan emplear. Me da a mí que serán motivo de regodeo superlativo. Y una inmensa fuente de frustración para los censores. Pero sin duda nos divertiremos, el dios Momo y yo.
Durante el encuentro, Ulloa y Sierra también acordaron implementar un proyecto para promover las visitas por parte de los turistas a las catedrales históricas del país. El proyecto a futuro consiste en entregarles a los viajeros un documento similar al pasaporte con la ubicación de las iglesias. Con la visita a los templos, al turista se le colocará un sello que podrá ser intercambiado por algún artículo representativo del país.