El resurgimiento en el Gran Premio de Francia de la escudería Ferrari se convirtió de manera inesperada en un factor que acabó aliándose, al menos por una vez, con el piloto español Fernando Alonso (McLaren-Mercedes), quien encontró en los bólidos rojos una ayuda para frenar la asombrosa progresión de su compañero de equipo, el británico Lewis Hamilton.
El triunfo en Magny-Cours del finlandés Kimi Raikkonen y el segundo puesto del brasileño Felipe Massa acabó siendo considerado por Alonso como un buen resultado, habida cuenta de que le permitió a él ceder sólo cuatro puntos respecto a Hamilton en una carrera que se le puso muy cuesta arriba el sábado, cuando una avería en la caja de cambios le impidió pelear por la pole y lo relegó al décimo puesto de la formación de salida.
Los dos primeros puestos los coparon dos pilotos clasificados en la general del Mundial por detrás de los dos de McLaren-Mercedes, que se han acercado a Alonso pero han impedido el despegue de Hamilton.