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Amor a segunda vista

Redescubro su contorno mediante un húmedo y placentero recorrido por sus faldas. En breve tiempo alcanzo la cima y quedo a los pies de una poetisa; qué


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Redescubro su contorno mediante un húmedo y placentero recorrido por sus faldas. En breve tiempo alcanzo la cima y quedo a los pies de una poetisa; qué fácil es conquistar el cerro Ancón.

Desde el pináculo de esta elevación, que hace las veces de atalaya de la ciudad, Amelia Denis de Icaza recibe en silencio y actitud adusta a quienes la visitan. Ella parece estar tan viva como la vegetación y las especies de la fauna que se aprecian en los alrededores. Da la impresión de que estuviera vigilándonos y que, como pocos, gozara del privilegio de ver muchas caras de la ciudad: la antigua, la de tránsito y la comercial. Si alguien duda de que existen varios países en uno, puede escalar el cerro Ancón y desde ahí apreciará la realidad.

De un lado se avista el Casco Antiguo y lo que era el centro de la ciudad con los rascacielos y el mar de fondo, mientras que a espaldas del Ancón se aprecia la zona de tránsito y, en el horizonte, el área norte de la ciudad que paulatinamente se integra a la vida útil y al desarrollo.

Llega el momento de descender, de dejar a doña Amelia atrás. La curiosidad y la disposición de tiempo nos llevan al paseo Las Bóvedas, en San Felipe. Desde ese punto la percepción varía.

Para ver el cerro Ancón hay que darle el dorso al progreso, pero la vista se torna espectacular con nuestro pabellón como protagonista erguido en el corazón del cerro y dejándose llevar por las caricias del viento.

En San Felipe se mira al cerro Ancón desde abajo, en ese sector todo es más caliente y el sol abraza con intensidad, dejando su fuego en la piel, pero no hay dolor porque a esta ciudad tan coqueta, -con todos sus achaques- es imposible no quererla.

Así es Panamá, esta joya territorial de América que le permite a uno desayunar en el Pacífico y almorzar en el Atlántico. Que en menos de media hora te mueve de un punto alto, cerca del cielo, y al poco tiempo te hace descender a tierra firme sin que se pierda el encanto. Es fácil conquistar esta ciudad, pero más fácil es dejarse seducir por ella.


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859032
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América