Soy un hombre nacido y criado en la Cuenca Canalera. Eso, y el que durante el proceso que dirigió el General Omar Torrijos Herrera, cumplimentara su tarea de difusión nacional e internacional de la causa panameña, con un intenso trabajo entre los campesinos del país, me da la autoridad como para exponer nuestro desacuerdo con la forma como se ha llevado adelante la propuesta de Ampliación del Canal y prever algunas situaciones que podrían darse. A Torrijos y al proceso lo acompañamos desde marzo de 1970 hasta que murió en un accidente extraño, y después de su muerte fuimos fiel a su legado., Panamá América
Poseo además la suficiente edad (en diciembre próximo cumplo 70 años) como para narrar el drama que fue para las familias asentadas en la cuenca, la emigración forzada de las tierras que serían inundadas por las aguas que darían origen al Lago Alajuela, o el desvío del Río Chilibrillo. Ya nuestros viejos hablaban entonces de cómo fue la cosa cuando se inundó el Lago Gatún y la gente tuvo que salir en masa.
En ambas ocasiones se le dijo a las personas que serían indemnizadas, que por sus tierras habría algún reconocimiento o que de los frutos de la vía le vendría el progreso. Muchas décadas después no solo esperan, sino que fueron colocados a la marginal de una empresa de primer mundo, por donde ven pasar la felicidad, y a ellos, en medio de su pobreza, solo les queda admirarla.
Si ha habido una población que en todo el país ha sabido de las consecuencias de vivir junto a la vía esa ha sido la que reside en la Cuenca Canalera. Después que los echaron de sus tierras de origen, hicieron agricultura y pastaron ganado, pero vino luego la ANAM y les dijo que la cuenca había que cuidarla, y comenzaron a imponerle onerosas medidas que muchos han terminado por irse.
No quisiera pensar que como las inversiones que se hacen el Canal suben el precio de la propiedad, hay vivos expulsando residentes para luego quedarse con sus tierras, pero las acciones que se toman parecen apuntar hacia allá.
Precisamente previendo situaciones como esas, hicimos parte de los Diálogos Nacionales de Consenso que se hicieron en Bambito, 1 y 2; luego en Coronado y después de Visión 2020; todos y cada uno fueron hechos bajo el criterio de llegar a acuerdos nacionales. En ese contexto figuran las leyes 19 y 21, que le daban a los residentes de la cuenca un puesto dentro de la estructura de asesoría y consulta a la que se incorporaron entidades del Estado y la propia Autoridad del Canal.
Pero todos esos ensayos parece que se hubieran hecho para desconocerlos. El Gobierno de Ernesto Pérez Balladares fue el primero en violar los acuerdos de Coronado cuando en el último día de su mandato mandó a la Asamblea para su aprobación inmediata la nefasta ley 44, conocida como ley de los embalses. El resultado ya se conoce, la actual administración debió derogar la mencionada ley, tras saber la manera como había alterado a los residentes de la región occidental de la Cuenca. Entonces aparecieron las alternativas de las tinas. La administración Moscoso, ni siquiera tocó el tema. Asimismo como recibió un Canal cuya lucha le costó a otros, también recibió estudios que se venían haciendo desde 1993 y ahora dice que se hicieron bajo su mandato.
Es una ironía de la vida ver hoy como, después de tantas luchas y tantos sacrificios, quienes se opusieron a los tratados canaleros Torrijos-Carter dictan pautas y son los que definen lo que allí se va hacer.
Lo peor es que un gobierno que se dice heredero del General Torrijos le haga el juego a quienes precisamente adversaron el ideario más patriótico y progresista que ha tenido Panamá a lo largo de su historia.
NO se ha permitido a los residentes de la cuenca ser parte efectiva de los instrumentos y las estructuras que decidirán el rumbo de las cosas que allí van a pasar. Así los moradores de la cuenca tampoco se sienten comprometidos con esas obras. Quienes han prohijado este estado de cosas sabrán lo que están haciendo, la injusticia que están cometiendo, el proceso de exclusión que están empujando.
Por eso es que le digo a la revista Consenso que así es imposible pensar en consensos. ¿Cuál consenso? El de los amos chocolates que reemplazaron a los amos gringos? ¿El de aquellos que impulsan una ampliación para quedarse con la mayoría del pastel y repartir migajas entre la mayoría de los panameños?
Esto no puede ser así. A este país le costó ese canal que ahora se proponen ampliar, años de lucha, centenares de muertos y heridos, mucho sufrimiento en la cuenca, para que venga ahora una Autoridad del Canal de Panamá, muchos de cuyos integrantes no saben siquiera cómo llegaron allí, a negarle a este mismo pueblo, el derecho que se ganó a participar de los bienes y el derecho al desarrollo.
Decía el General Torrijos que el que más consulta menos se equivoca. A eso nos acostumbró, no a las imposiciones desde las posiciones oficiales; al intercambio no a las coacciones desde los cargos; a la preocupación social no al envilecimiento mercantil; a pensar en las mayorías no en las alianzas con los grupos de poder, marginando a quienes necesitan salir del estado de pobreza en el que viven. Eso fue lo que aprendimos de Torrijos, a quien le fuimos y le somos leales, no arribistas disfrazados hoy de torrijeros, que no solo lo combatieron sino que lo miraron siempre como un estorbo para sus intereses. Tengo la seguridad que son muchos los panameños que piensan como lo escribo aquí. Abrigo también la esperanza que al final la reflexión se imponga por encima de aquellos intereses que hoy suprimen del camino a quienes lo construyeron con sacrificio, con sudor, con desprendimiento.