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Anatomía de una Tragedia Ciudad: Urbanismo y Arquitectura (1)

"..las ciudades a que nos referimos se crearon porque se pensaba, que una vez organizadas, eran capaces de crear riquezas, en un supuesto ambiente estable y de larga vida. Esta era la sola y simple razón. Así lo entendieron en su momento los monarcas europeos. Después de todo, con fecha anterior al año de 1492, existían precedentes o modelos a través de la historia de la humanidad".


Por la razón del crecimiento, en las últimas décadas, de la gravedad de la crisis y el caos urbano que se hacen notorias y visiblemente obvias en la vida de las principales ciudades de la República de Panamá, es primero importante y necesario conocer el origen y el nacimiento de las ciudades.
Además, sus propósitos y fines utilitarios. Después, en segundo lugar, indicamos las causas que provocan sus deterioros y enfermedades en su aspecto físico, así como el descenso social de los habitantes que las ocupan.
Como esta situación que describimos no es exclusiva y única de nuestro país, es adecuado señalar que en el resto del continente Latino Americano y en el Caribe se experimentan idénticos sufrimientos en medio de sus concentraciones humanas principales y permanentes (léase ciudades). En estas regiones, la mayor parte de los habitantes mora y trabaja en centros urbanos.
Dicho lo anterior, es esencial comentar que nuestras intenciones en este ejercicio de palabras e ideas son fijar y establecer los problemas urbanos existentes que nos aquejan, y, adicionalmente, dibujar el devenir de los que habitan y residen, como nosotros, en los entornos nacionales. No faltan aquí algunas sugerencias y orientaciones nuestras que pueden contribuir a mejorar los ambientes urbanos enfermos.
Tres es el número de los actores o mecanismos fundamentales que regulan la dirección del comportamiento de las ciudades:
a. Las autoridades políticas, quienes generalmente determinan de manera inteligente el futuro de una ciudad, pero que en ocasiones se inclinan a proclividades de ciertas formas de corrupción.
b. Agrupaciones económicas en nuestras comunidades que se ubican como factor influyente y preponderante en la toma de decisiones finales. Estos grupos alcanzan una magnitud de poder que el común de los ciudadanos frecuentemente no entiende ni conoce. Hablamos de constructores de edificaciones, compañías de seguros, bancos, et. al.
c. Sistemas de transporte existentes o por construir.
Los nacimientos u orígenes de las ciudades importantes y principales de América no ocurrieron espontáneamente. Todas dichas ciudades en nuestro continente, especialmente en Latinoamérica y en el Caribe, fueron fundadas y establecidas, cada una de ellas, por un acta (acto político) dictada por los imperios de Europa, cuyos reglamentos eran aplicados en las colonias que les pertenecían en la región. Casi siempre, el diseño de las calles y sus anchos, orientación hacia el este, etc. nos llegaban adjuntos, y en algunos casos, inclusive, se determinaba en qué tipo de labores debían ocuparse sus moradores.
La verdad sea dicha: las ciudades a que nos referimos se crearon porque se pensaba, que una vez organizadas, eran capaces de crear riquezas, en un supuesto ambiente estable y de larga vida. Esta era la sola y simple razón. Así lo entendieron en su momento los monarcas europeos. Después de todo, con fecha anterior al año de 1492, existían precedentes o modelos a través de la historia de la humanidad.
Sabios para aumentar y multiplicar los tesoros de sus reinados y los suyos propios, los soberanos de los estados del viejo continente (Europa) estuvieron concientes de que ninguna ciudad o conglomerado urbano que aspirase a la prosperidad podía adoptar la autarquía como sistema económico administrativo. Es por este motivo que los centros urbanos que se instituyeron en las colonias del nuevo continente (América) se ubicaron o localizaron en las riberas de algún río caudaloso y de alto calado o en costas frente al mar.
El comercio exitoso de cualquier sitio poblado depende del dinero que proceda del exterior a cambio de que se venda lo que produce el lugar (la conexión con otras ciudades). El resultado de este escenario equivale al bienestar de los ciudadanos, o, puesto de otra manera, se traduce en empleos, viviendas, escuelas, cultura, monumentos, arte, entre otros efectos. Los negocios ubican y juntan a las personas en una vecindad.
Pensamos que probablemente la ciudad indígena MACHU PICCHU cesó como tal por una carencia de relación con su mundo exterior.
¿Y cómo se hace específicamente el comercio que acabo de mencionar?
Sencillamente por medio de un sistema de transporte existente en un sitio en particular. Inicialmente era exclusivamente marítimo, y posteriormente se complementó con el sistema de ferrocarril. Ulteriormente apareció el automóvil y más recientemente la aviación. Este último tiene apenas cien años de estar entre nosotros.
Cuando menguan los comercios, servicios y los sistemas de transporte de cualquiera concentración urbana, ésta desaparece o su población disminuye. Ejemplos relativamente recientes los son Silver City y Virginia City, en Estados Unidos de América, que en su momento explotaron con éxitos minas de oro y plata. Una vez agotadas las venas de las minas, las mencionadas ciudades desaparecieron. Otros ejemplos lo constituyen Potosí, en Bolivia, y San Francisco de Veraguas, en Panamá. Cuando sus yacimientos de plata y oro respectivamente se extinguieron y llegaron a su fin, las importancias comerciales, de servicios y prosperidad de estos últimos centros urbanos desaparecieron y sus poblaciones disminuyeron.
Al final no tenían otro producto que vender al mundo exterior.
De los tres actores o mecanismos fundamentales que mencioné antes y que regulan la manera de vivir de los habitantes en las concentraciones urbanas organizadas (ciudades), los sistemas de transporte representan el principal componente que determina el carácter de nuestra vida diaria y cotidiana. Los sistemas mecánicos de movilidad y sus vías nos conducen de un lugar a otro y acarrea los servicios o productos que se ofrecen y vendemos a los mundos exterior y local. Puede existir dirección política y económica, pero no es posible la prosperidad comercial e industrial sin un sistema adecuado de transportación.
Generalmente conformada por personas que no conocen o entienden el tema, la dirección política (autoridades y planificadores) de una región es quien decide la configuración de las vías y los sistemas de transportación a construir. Nos referimos a calles, carreteras, autopistas, pasos viales elevados, supercarreteras, puertos marítimos o aéreos y ferrocarriles.
Es obvio que proyectos de esta naturaleza son limitados por la capacidad económica para costearlos y que resulten de beneficio a los sitios donde empiezan y donde llegan.
Pero en la realidad, los resultados de lo inmediatamente anterior y las decisiones tomadas por la dirección política contribuyeron, y continua aportando, a las pesadillas que representan el caos y deterioro urbano y suburbano que sufrimos, como veremos más adelante. Nos han arruinado nuestras ciudades construyendo carreteras y pasos viales elevados a través de las mismas y han deshumanizado la población suburbana, entre otras desatinadas resoluciones. Hemos perdido los sentidos de orden y orientación.
Sin ninguna duda, las carreteras, los automóviles y la zonificación, en este orden, constituyen las causas primarias de la decadencia, que no se detiene, de nuestras ciudades, iniciándose este declive físico y social, que calificamos de acentuado, en la segunda parte del siglo pasado. Es decir, en los últimos cincuenta y cinco años.
En efecto, hasta mediados, aproximadamente, del siglo XX, la vida diaria de nuestros compatriotas, que eran parte de nuestras ciudades principales en la República de Panamá, tenía sentido de lugar. El sitio de trabajo, las escuelas de los hijos, las plazas y parques, las universidades, las oficinas gubernamentales, los monumentos, las industrias, los servicios de salud, los comercios con las pequeñas abarrotería en las esquinas, atendidas éstas, usualmente, por asiáticos ( este tipo de comercio opera actualmente en el "upper east side" de Manhattan, New York, para beneficio y sentido práctico de los residentes de área) estaban a una distancia que se podía hacer a pie si se deseaba. Además, se relacionaban, todo lo mencionado, entre ellos.
Nuestras comunidades eran compactas y coherentes, de relaciones de grupos, tanto familiares como individuales, a un mismo tiempo. Y todos se apoyaban entre ellos. Existían los vecindarios, donde las calles y edificios mantenían vínculos.
Con una escala humana, la ciudad era un espacio para conocernos mejor y entablar algún enlace. De pronto, y en corto tiempo, este escenario que he descrito se convirtió en una quimera. Encuentro que esto último lo dijo mejor o epitomó un poeta con la siguiente estrofa, refiriéndose a lo que fue la ciudad:
conocí su belleza cuando salió por la puerta y la perdí.
Asombrosa es la multiplicación de los automóviles, en las últimas cinco décadas, de todo tipo y clase, que ruedan por las calles y avenidas de nuestras ciudades principales. Y cada año su cantidad supera en cifras al anterior, con el agravante de que estos vehículos a motor, prácticamente, transitan y recorren las mismas vías que existen desde hace cincuenta años, provocando esta situación insufribles conflictos de circulación.
Jamás nos hemos preocupado por revisar y reformar racionalmente el sistema de tránsito vial y regular los transportes públicos (colectivos) y privados, como un gran esquema para la actualidad y el futuro.
Al dolor de cabeza que resulta el movilizarse en un vehículo a motor en nuestros centros urbanos principales, sume la falta de sitios para aparcar los carros. En otro aspecto de este tema, se destaca la inhabilidad y la incapacidad de la dirección política del lugar (autoridades) para exigirle a los dueños de negocios que venden autos, y que cosechan pingues beneficios económicos, construir y pagar ámbitos para estacionar las máquinas que comercian. Tampoco la dirección política que acabo de mencionar edifica estos espacios de aparcamientos. Más bien descuida el mantenimiento de las infraestructuras existentes en las ciudades por ocuparse en subsidiar la construcción de centros o núcleos de población suburbanos (suburbio). El aumento sorprendente de estos últimos y sus efectos y consecuencias sobre las ciudades principales del país, lo analizamos siguientemente.
Después de todo, los centros urbanos de población más importantes de en nuestro istmo crecen, por estos días, en entorno a sus salidas, las cuales nos conducen a las autopistas que terminan en suburbio.
Posteriormente, retomaremos el estudio del estado físico y social de las ciudades, en el presente.


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261620
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América