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Apaga y vámonos

Que otros se queden con las cifras. 652 es un número grande, ganar cinco series mundiales es un dígito envidiable y sellar una carrera brillante salvando 44


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Que otros se queden con las cifras. 652 es un número grande, ganar cinco series mundiales es un dígito envidiable y sellar una carrera brillante salvando 44 partidos, o lo que es lo mismo, una cuarta parte de todos los juegos ganados por su equipo en una temporada para el olvido, es impresionante. Pero al fin y al cabo son solo números. Cuentan para las estadísticas, sirven como salvoconducto para darle paso expedito hacia un nicho en Cooperstown, donde se alojan para siempre los fenómenos, los que tuvieron una carrera rutilante, excepcional, casi perfecta.

A ese Mariano Rivera de las cifras de infarto y de las grandes hazañas se lo dejo al resto de la humanidad, yo me quedo con el hombre genuino, con aquel que siempre ha sido fiel a sus creencias religiosas, a sus valores morales y, por qué no, a sus intereses personales y familiares.

Me quedo con el Mariano Rivera que tuvo la valentía para decir no cuando su estado físico y anímico le indicaron que era mejor quedarse quieto que poner en riesgo su futuro, su salud y su compromiso con quienes le daban de comer.

Aplaudo al Mariano Rivera que, con decencia y respeto, pero con determinación y valentía -como lo ha hecho en el juego- les dijo a los panameños y a quienes quisieran oírlo que no le debía nada al país ni a nadie, que todo cuanto ha logrado es producto de la bendición de Dios y de su esfuerzo personal.

Que haya construido una mansión en medio de la miseria de Puerto Caimito; bueno, es su derecho, igual lo hubieran señalado si en lugar de edificar su “rancho de lujo” en el pueblo que lo vio nacer, se hubiera venido a la ciudad, porque así son algunos panameños, les gusta mandar sobre lo ajeno, vivir de lo ajeno.

Mariano Rivera es tan panameño como el que más, pero en Nueva York lo quieren mejor. Y lo quieren porque ahí saben valorar a sus héroes. Le están agradecidos porque durante más de 18 años ha sido fiel a la causa, han contado con él y él ha contado con ellos en las buenas y en las malas.

Me sigo quedando con ese Mariano Rivera que ahora, en el cénit de su carrera, decidió ignorar los reflectores, desoír los cantos de sirena y ser, una vez más, leal a los dictámenes de su conciencia que en buena hora parece haberle dicho: Apaga y vámonos.


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900414
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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