No importa a qué género pertenezcan los seres vivos, hay algo que nos caracteriza a todos y es el instinto de conservación de la especie. Curiosamente, en todos los géneros podemos observar que hay historias, episodios y momentos a los que los humanos llamaríamos amor.
El galanteo del macho y el coqueteo de la hembra siempre están presentes, para luego pasar al romance y culminar en la unión que generalmente trae consigo a otra vida.
Así surge un nuevo ser y con él otras responsabilidades que implican que los artífices del milagro deben cuidarlo hasta que llegue a adulto y continúe el ciclo de la vida.
En medio de una pausa natural, tras días de copioso aguacero, un par de palomas se conocieron o se reencontraron en la Plaza de la Catedral. Allí se gustaron, se enamoraron y lo demás, es historia.