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Apertura política: Objetivo del Papa en Cuba


Un propósito central de la visita del papa Juan Pablo II a Cuba es propiciar una apertura política del gobierno del presidente Fidel Castro hacia elementos opuestos al régimen comunista dispuestos al diálogo, según expertos que han seguido de cerca la estrategia del Vaticano.
La visita del Papa del 21 al 23 de este mes es considerada como la culminación de una histórica tarea del "Papa polaco": promover en lo posible una evolución pacífica del comunismo a un sistema plural con el apoyo de una iglesia Católica que enarbola la bandera de la justicia social y los derechos humanos.
Está es el objetivo que lo movió en su cruzada para promover la transición del Comunismo a sistemas plurales y democráticos en la Europa del Este durante la década de los 80.
Fuentes allegadas a los planes del Papa anotan que esta primera visita a La Habana se produce tras los 16 viajes que el Sumo Pontífice ha realizado a Latinoamérica en los casi 20 años desde que asumió el trono de San Pedro.
Por eso a nadie sorprendió el enorme interés que la visita ha generado en la opinión mundial, lo que se estima atraerá a más de 5,000 representantes de la prensa internacional.
Asimismo, existe plena conciencia en el Vaticano -así como en La Habana y en Washington- de que la mera presencia del Papa en la isla es una forma de dar legitimidad internacional al régimen castrista. Esta es precisamente la razón por la cual grupos de exiliados en Miami han expresado su fuerte repudio al viaje, mientras que el gobierno del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, ha mantenido, hasta ahora, un estoico silencio.
Evidentemente, el gran reto para el Vaticano es lograr que el Papa lleve su mensaje espiritual al pueblo cubano sin despertar rencores en la cúpula política cubana que puedan resultar en actos represivos en vez de una mayor apertura, lo que los respectivos asesores reconocen podría ser desastroso tanto para el prestigio del Sumo Pontífice como para Castro.
"De más está decir que este viaje ha sido motivo de las negociaciones más secretas y con los preparativos que jamás se han realizado en el Vaticano", expresó uno de los observadores más enterados de la política exterior del Vaticano, que pidió que no se usara su nombre.
"Esto refleja una aguda sensibilidad -añadió- tanto por parte del Vaticano como por el gobierno cubano, del enorme interés que la visita ha generado en la opinión mundial- así como el riesgo que corren en el caso de que no rinda resultados positivos".
Por cierto, superar el escollo de las dramáticas diferencias ideológicas y espirituales que separan a ambos líderes es precisamente el tipo de reto al que se enfrenta con la confianza -y quizás algo de soberbia- de dos veteranos luchadores dispuestos a correr riesgos históricos.
Tad Szulc, el veterano periodista y autor de sendas biografías del Papa y de Castro, comentó recientemente en un artículo para el suplemento dominical Parade que se distribuye a 9 millones de hogares:
"Creo que este encuentro está absolutamente dentro del carácter de los dos hombres. Ambos tienen un profundo sentido de la historia, ambos gozan de una profunda experiencia en la práctica política y, quizás para la sorpresa de muchos, comparten muchos valores y opiniones. Finalmente, como lo descubrí en conversaciones privadas con Juan Pablo II y Castro, cada uno tiene una fascinación personal por el otro".
Uno de los anhelos del Papa, según estos expertos, es lograr ampliar el espacio político con la ayuda de la Iglesia cubana. Existe un amplio consenso de que el cardenal Jaime Ortega ha contribuido a la disención entre el clero y el régimen castrista, haciendo más factible, aunque no cierta, la posibilidad de que el régimen ablande su posición hacia la oposición política dentro de Cuba.
Hace poco el prelado señaló que la Iglesia cubana nunca fue tratada como la de los países comunistas de Europa del Este. Declaraciones como éstas han facilitado las relaciones entre la Iglesia y el gobierno, lo que a su vez contribuyó a que culminaran, después de casi cinco años, las gestiones entre La Habana y el Vaticano, primero para la visita de Castro a Roma en 1996, y ahora para la realización del anhelado viaje del Sumo Pontífice a La Habana.
Al igual que Szulc, otros que han acompañado a Juan Pablo II en sus prodigiosos viajes pasados, confían que la extraordinaria habilidad diplomática y sicológica, así como su personalidad carismática, lograrán el impacto deseado, en el pueblo cubano.
Estos observadores tampoco descartan la posibilidad de que la persuasión del Papa se hará sentir con el propio Fidel Castro, que educado en colegios jesuitas, ha retenido el respeto natural del creyente por el Santo Padre.
Como en todas las giras del Papa, un problema que podría alcanzar las dimensiones de las profundas implicaciones políticas del viaje, es el de la logística. Además de millares de feligreses que acudirán de toda América, aun de las comunidades cubanas en el exilio, para asistir a las misas pontificias, la isla será invadida por entre 5,000 y 7,000 reporteros, de las cadenas de televisión y radio, así como de la prensa escrita de los cuatro rincones del mundo.
Sólo en Panamá se entiende que los vuelos de COPA a Cuba en la próxima semana están copados de peregrinos, que incluyen al ex vicepresidente panameño Ricardo Arias Calderón, que como presidente de la Internacional Demócrata Cristiana (IDC) ha estado presente en las múltiples giras del Papa a Latinoamérica.
Se supo que durante la última reunión del directorio de la IDC realizada en París, el partido del presidente Fernando Henrique Cardoso de Brasil, el Partido Social Demócrata, fue incorporado al grupo en calidad de miembro observador.
Con Cardoso, Arias comparte una visión más humanista del capitalismo. Ambos también favorecen el diálogo con Cuba y rechazan el boicot económico impuesto a la isla por el gobierno de Estados Unidos.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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