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Aplausos y lágrimas en masivo funeral del cardenal Silva Henríquez


Chile despidió ayer con aplausos y lágrimas al cardenal emérito Raúl Silva Henriquez, cuyos restos mortales fueron sepultados en la Catedral Metropolitana de Santiago, el mismo templo donde defendió los derechos humanos durante la dictadura del general Augusto Pinochet.
El presidente chileno Eduardo Frei y las máximas autoridades del país concurrieron a la solemne misa, oficiada por el arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errazuriz, que leyó pasajes de un testamento espiritual del fallecido prelado.
"Quiero que en mi patria, desde que el ser humano es concebido en el vientre de una mujer hasta que llega a la ancianidad, sea respetado y valorado", indica el documento póstumo de monseñor Silva Henríquez, que murió el viernes a los 91 años.
La defensa de los derechos humanos y los perseguidos por el régimen de Pinochet (1973-90), marcó la acción apostólica del obispo salesiano que dirigió la Iglesia católica chilena durante 21 años, desde que el papa Juan XXIII lo designó miembro del Sacro Colegio Cardenalicio en 1962.
Tras la ceremonia religiosa, la urna con sus restos fue escoltada por un largo cortejo que recorrió el centro de Santiago y partió desde el templo metropolitano, junto a la desaparecida Vicaría de la Solidaridad, que acogió a las víctimas de la represión durante el gobierno militar. "Raúl, amigo, el pueblo está contigo!", repetió la multitud en el interior de la catedral y en el lento trayecto del cortejo por las principales calles del centro de Santiago.
Bajo un cálido sol otoñal, la caravana pasó frente a la Cancillería, donde el cardenal tuvo un decisivo papel cuando en diciembre de 1978 obtuvo la mediación del papa Juan Pablo II, que evitó una guerra con Argentina por el conflicto del austral canal Beagle.
Mientras miles de pétalos, papel picado y globos ca¡an a su paso desde las aceras, los balcones y las ventanas de los edificios, la carroza llegó hasta el palacio presidencial de La Moneda, donde la bandera chilena flameaba a media asta. "Fue la voz de los sin voz", recordó el presidente Frei, al despedir en
ese lugar los restos del pastor.
"Y su palabra resonó profunda, fuerte e intransigente, ante la mentira, la violencia, la injusticia, la prepotencia y la violación de los derechos humanos", dijo el mandatario.
"Justicia, justicia, queremos justicia!", gritó un coro espontáneo que interrumpió sus palabras, en alusión a los procesos inconclusos contra militares y ex agentes del râgimen de Pinochet, que permanece detenido en Londres desde hace casi seis meses, frente a un pedido de extradición que planteó España. Entre los miles de concurrentes al sepelio, varios miembros del clandestino FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez) portaban un emblema de esa organización señaló uno de los portadores del emblema.
"El mejor homenaje que podemos rendir a este pastor agregó Frei en su discurso- es prometerle solemnemente, aquí y hoy día, que haremos todos los esfuerzos que sean necesarios para hacer de Chile un país de hermanos".
Luego del homenaje ante la sede del Gobierno, el cortejo retornó a la Catedral de Santiago, donde la urna fue depositada en una cripta, bajo el altar.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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