Un vistazo a lo actuado por el presidente Martín Torrijos en la primera mitad de su gobierno permite observar avances en materia económica, social, institucional y en política local e internacional. El suyo no ha sido un gobierno invisible. Ha estado presente en los más apartados puntos de la geografía nacional, al igual que en las zonas urbanas, y en comunidades donde antes no se había visto un mandatario en funciones.
Los eventos registrados a lo largo de su gobierno no han sido fortuitos. Escondían un sistema deficitario que afloró por todas partes. En salud, en el transporte público, en los eventos naturales y su impacto en la sociedad, en la seguridad social, en educación. La demostración de conductas sociales, cada vez más perversas, fueron revelando un rostro que ocultaba el interés personal contra el bien colectivo. Quizá uno de los aspectos más repudiables haya sido el comportamiento de los dirigentes del sistema educativo que hipotecaron un gremialismo ausente de compromiso social. Perdieron de vista su papel fundamental en la formación de lo más preciado del país como es la niñez y la juventud panameña.
Pero también están los estamentos de seguridad en los que un residuo de oficiales corruptos se resistía a ver extinguirse sus fuentes de riqueza, producto de actividades ilícitas, mientras dejaban a la ciudadanía inerme frente al crimen organizado. Ese sistema deficitario también alcanzó a los partidos políticos, incapaces de representar el interés ciudadano y de la nación, desconectados totalmente del querer de la población y de hacia donde apunta el destino de Panamá.
El caso no es achacarle a Torrijos la responsabilidad por los eventos adversos registrados durante la primera mitad de su gobierno, sino observar la forma como está resolviéndolos. Se le critica porque toma tiempo en las decisiones. No se precipita, consensua, convencido de que los mesianismos no son una fórmula adecuada para los tiempos que vive Panamá. El mandatario panameño ha puesto sobre la mesa la agenda nacional y apuesta a resultados. Está gobernando el país y administrando el Estado.
Torrijos ha promovido el diálogo entre todos los sectores para traducirlo en consensos que deriven en políticas de Estado. Comprende que no es con sectarismos irreductibles, ni visiones parciales, ni ambiciones personales como se abonará el proyecto superador que demanda Panamá para consolidar su desarrollo integral como nación.
La oposición, sin embargo, amarra su comportamiento al cálculo político. Prisionera de las coyunturas, con una visión inmediatista y unilateral, promueve la sociedad de la desconfianza. Como resultado, en los primeros 27 meses de la administración Torrijos, la oposición no ha demostrado que representan una fuerza política que está en condiciones de gobernar el país. El poder no es solo desearlo, hay que forjarlo. Y eso es lo que día a día ha hecho el mandatario panameño.
De allí, entonces, la práctica de un reformismo progresista que está rindiendo frutos de desarrollo económico con equilibrio social. Torrijos ha ejercido un liderazgo reformista, reconocido en América Latina, que comprende los componentes básicos del tejido social que forman la historia y la identidad nacional.
La dinámica de ese crecimiento económico, ha incentivado la inversión productiva, ha permitido disminuir el desempleo y ha enfrentado la inequidad que golpea el alma nacional. Los recursos del canal se han destinado, al mismo tiempo, al capital social y a infraestructura productiva. Todo dirigido a otorgarle a los panameños derechos, garantías y posibilidades de ser incluidos, que vean representados sus intereses y que encuentren posibilidades equitativas de satisfacer sus necesidades.
En lo institucional, Torrijos ha estimulado el clima de unidad nacional, ha dado pasos para fortalecer el Estado y hacerlo más ético, incrementando, no diluyendo, los mecanismos de control y de rendición de cuentas.
El hecho de que Torrijos haya sido elegido por la prestigiosa revista Latin Business Chronicle como el líder del año 2006, se debe a que ha proyectado a Panamá como un país serio, confiable, con un rumbo definido, que se ha ganado el reconocimiento de la comunidad internacional. El desempeño en la búsqueda de consensos en la Organización de Estados Americanos (OEA) y la representación latinoamericana y caribeña en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), son un reflejo exterior del Panamá de adentro cuyo gobierno es garante de paz social, estabilidad y bien colectivo.
Con Torrijos Panamá ha consolidado un modelo democrático en el que los valores de la expresión crítica y el pluralismo político no son vistos desde el poder como una amenaza sino como un aporte a la construcción común y pacífica del país que sueñan todos los panameños. Torrijos reconoce que para dejar atrás el subdesarrollo y aprovechar las oportunidades que se presentan, para el país en su conjunto y para cada panameño en particular, hay que abonar el terreno de la concordia, la generosidad, la voluntad colectiva de consolidar una democracia madura, moderna, unida y plural.
El comienzo del 2007, marca el inicio de la segunda mitad del gobierno de Torrijos. Bajo su liderazgo, el país está recurriendo a lo mejor de lo acumulado y aprovechando las posibilidades presentes y por venir. El objetivo nacional es claro: lograr que en esta generación impere la prosperidad, la igualdad de oportunidades y la legalidad que anhelan todos los panameños.
En esencia, el Estado fue obligado a separar parte del presupuesto que dedicaba a las ciudades, en detrimento de éstas, para la construcción de escuelas, cuarteles de policía y bomberos, carreteras de acceso y el consabido mantenimiento de las mismas, recolección de desechos en las áreas que se habitaban. Amén de otros costos numerosos.
Para nosotros el resultado que se destaca más negativo, después de cincuenta años del inicio del fenómeno que acabamos de delinear, es que los que buscaron una supuesta libertad fuera de la ciudad siguen ligados a ella irremisiblemente porque, aunque residen en áreas suburbanas, trabajan en nuestras ciudades para recibir sueldos o salarios cónsonos, y aprovechan su vida cultural, la cual está ausente en su entorno vecinal.
Hace poco tuve la oportunidad de ver, en la televisión, una película que tiene como ambiente el suburbio de una ciudad. En un momento del film, dos jóvenes mujeres conversan y una le pregunta a la otra: -- "que es lo que menos te gusta de estos lares" -- y recibe como respuesta -- "la ausencia de vida social y la soledad que este sitio induce" -- . A estas jóvenes se les ofrece solamente centros comerciales plásticos, que se construyen para servir a cierto número de desarrollos suburbanos, y que cuyas áreas o inmensas playas de aparcamiento de carros constituyen su núcleo y el centro social de reunión del vecindario. En otro aspecto, los comercios o negocios ubicados en los nombrados centros comerciales operan con respiración artificial y son de naturaleza hostil.
Y lo que es irónico, el hombre del suburbio ha quedado atrapado por el símbolo que significó su libertad: el automóvil. Prueba de ello es que un número considerable de personas se ven forzadas a permanecer sentadas diariamente en sus automóviles hasta cuatro horas para llegar a sus puestos de trabajo y, después, regresar a sus moradas. Todo es consecuencia de la congestión o saturación en las carreteras por la multiplicación acelerada de la cantidad de automóviles en circulación, y las gestiones perezosas para planificar un sistema de tránsito adecuado, entre otros motivos. Cualquiera percibe que cuando más automóviles se agregan a una carretera, en un momento dado, la velocidad y el número de ellos rebasa la capacidad de la vía. Y ni hablar de los costos que significan los consumos exorbitantes de gasolina, tanto para los dueños de vehículos a motor como para el Estado. Este último, en lo que se refiere a divisas que se escapan del país.
Además, el anterior panorama descrito causa el problema adicional de la contaminación del ambiente por la expulsión de monóxido de carbono que producen los automóviles, y que alteran el clima.
Por otro lado, es prudente señalar que como nadie conoce con certeza la magnitud de la disponibilidad del combustible fósil, por ende el futuro del automóvil, como medio de transporte, es incierto. ¿ Estamos preparados para la eventualidad que produzca una carencia de combustible y de cómo este escenario alteraría nuestras vidas cotidianas?
Contrario a lo que se pueda concluir, no estamos contribuyendo a la idea de que el crecimiento de las ciudades hacia afuera no es plausible. Lo que subrayo e indico es que, en el reciente ayer y hoy, la mayoría de los suburbios son el resultado de aventuras puramente comerciales, sin tomar en cuenta a los que habitan dichos conglomerados humanos.
Otro determinante o factor que apuntamos es la influencia circunscrita a las interpretaciones muy personales, que afloran en la actualidad, de los conceptos precursores e idealistas ( beau idéal ) referentes a la vida suburbana y que pertenecen a Barry Parker, Ebenezer Howard, Patrick Geddes, y Raymond Urwin, olvidándose que ellos desarrollaron, en otra época y en un mundo diferente, sus ideologías urbanísticas.
Apostar a resultados
Con Torrijos Panamá ha consolidado un modelo democrático en el que los valores de la expresión crítica y el pluralismo político no son vistos desde el poder como una amenaza sino como un aporte a la construcción común y pacífica del país que sueñan todos los panameños.