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Aproximación al valor de la poesía

“¿Por qué viven tan harapientos / todos los gusanos de seda?”  Neruda


Igual que toda la literatura, la poesía debe tener un valor material. Cada título, cada palabra, cada verso del poema, debe valer centavos, cuáras o dólares, según su calidad. Si fusilamos las viejas tonterías como la de "el poeta debe escribir por amor al arte", contra el muro del estribillo de Quevedo: "poderoso caballero es don dinero", haremos justicia; si las estrellamos inmisericordes contra el poderoso cartel de Gustavo Adolfo Bécquer: "una oda sólo es buena, de un billete de banco al dorso escrita", las volvemos polvo.

¡Atención, poetas del mundo! Dejemos a un lado las exquisitas pero anticuadas poses de bardos tristes, meditabundos y hambrientos. ¡Saquemos a flote nuestras risas interiores y troquemos nuestros versos en felicidad! Es lo que necesita el mundo. Hagámosle pagar por eso. No estamos en pugna con el dinero. Escribamos para satisfacer el hambre de esperanzas de un mundo hambriento de ellas.

En mis poemas busco la sonrisa de alguna mujer, el aplauso de los amigos y el alivio de mis neuronas: pero, sobre todo, ganar honestamente algo de dinero.

 

Lo ideal es que paguen el tiempo que gasté soñando los versos, rumiándolos, tejiéndolos, y por fin escribiéndolos. No se pescan gratis las ideas poéticas que vuelan por el aire. Ellas buscan aterrizar en el cerebro de quien les dé mantenimiento, que les ponga alas, les instale una turbina y las aterrice en el exclusivo puerto de los consumidores de poesía.

La poesía está en rojo conmigo. Vendí cuarenta libros de mi primer libro de poesía Albúm de nostalgia (el resto de la edición R.I.P. en las catacumbas de la editorial universitaria). De mi otro libro La noche, el mar y las entrevistas vendí ciento y pico (un pico bajo) y me sentí feliz porque saqué gastos y gané dieciséis cincuenta. De las dos menciones que gané en el Miró, una de ellas vino enmarcada (el marco me sirvió para un cuadro de Julieta. Algo es algo).  

Si nuestros poemas no producen calambres, no hacen relamerse a los golosos de poesía y nadie recuerda ni uno sólo de nuestros versos, no somos poetas. Así de triste. Y si no nos pagan por un poema, estamos a tiempo para dedicarnos a otra cosa, más ruidosa, fácil y codiciosa: digamos, ¿la política?

 

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405347
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América