Deportes

Apunte sobre mi deuda con México

En esa inmensa y contaminada ciudad escribí, becado, en un año de profunda dedicación y fervor creativo, los cuarenta cuentos que integran la primera edición de mis “Duplicaciones” (1973).


Tengo una deuda múltiple y honrosa con México. En su Distrito Federal conocí, conversé con ellos y admiré en la década de los setenta del siglo pasado a Juan Rulfo, a Carlos Fuentes, a Octavio Paz, en ese orden, los tres más grandes escritores contemporáneos del país. También, durante los doce años que residí en esa ciudad, traté a otros autores mexicanos fundamentales: Salvador Elizondo, Rosario Castellanos, Juan García Ponce, José Emilio Pacheco, Efraín Huerta, Elena Poniatowska, Sergio Pitol, Carlos Monsivais, entre otros.

Ahí visité muchas veces, y quede extasiado ante su majestuosidad, el Palacio de las Bellas Artes, el Museo Antropológico Nacional, el campus inmenso de la Universidad Nacional Autónoma de México (en donde estudié un Doctorado en Letras Iberoamericanas, tras iniciarlo becado en el Colegio de México), el Castillo de Chapultepec, las célebres pirámides de Teotihuacan, la Plaza de las Tres Culturas (en Tlatelolco), entre otros sitios emblemáticos inolvidables.

En esa inmensa y contaminada ciudad escribí, becado (en el ya desaparecido Centro Mexicano de Escritores y bajo la tutela literaria de Rulfo y Elizondo), en un año de profunda dedicación y fervor creativo, los cuarenta cuentos que integran la primera edición de mis Duplicaciones(1973), obra que me dio prestigio en México, así como otros libros posteriores, de cuentos y poemas, y varias antologías sobre literatura panameña y mexicana, que al ser publicados por editoriales de ese país me dieron cierto renombre adicional. En reputados diarios de la capital (El Nacional, El Heraldo de México, Excélsior, Novedades) ejercí por primera vez el periodismo cultural, del cual pude vivir con mínimos apremios durante algunos años cuando se terminó la Beca Centroamericana de Literatura que me llevó a México como incipiente escritor en enero de 1971. Asimismo, impartí clases como profesor titular durante ocho años en otra excelente universidad estatal, creada en 1975: la Universidad Autónoma Metropolitana, en donde veía y trataba a diario a la gran poeta panameña Diana Morán. En esa ciudad fundé mi primer taller literario (Liberta-Sumaria), que a su vez llegó a ser una pequeña editorial marginal, por lo que de paso aprendí empíricamente a ser editor; después crearía en el DF mi Editorial Signos en 1982, que publicó libros de autores mexicanos y panameños antes de mi regreso a Panamá. En México, en fin, tuve una hermosa familia, cuyos descendientes con el favor de Dios habrán de sobrevivirme.

 

En ese país inmenso y acogedor, más que en cualquier otro que conozco, el amor y apoyo a la Cultura son cotidianos hechos apabullantes, raíz y tejido de su identidad y una de sus razones de ser como nación. Pero el mayor regalo que he recibido de las entrañas mexicanas es la existencia de mis tres hijas y, hasta el día en que esto escribo, de mis tres nietos, todos mexicanos.

México, sin duda alguna, es mi segunda patria: la niña de la niña de mis ojos panameños. Por eso, pese a sus contradicciones, injusticias y arbitrariedades (una vez, en 1990, fui asaltado, literalmente, por tres policías que pistola en mano me exigieron una cuantiosa “mordida” para que no me llevaran preso por el único delito de ser un solitario extranjero pendejo y propicio a su infamia), regreso cada tanto tiempo y aprovecho para rendir un sentido homenaje a su ser profundo cuando visito a mis hijas.

En diciembre de 2010, invitado por los organizadores de la connotada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, presentaré en esa hermosa ciudad, segunda en importancia del país, mis dos libros más recientes: “Escrito está” (cuentos) y “Todo el tiempo del mundo” (poesía), ambos publicados este mismo año en Guatemala por Letra Negra Editores. Será un placer volver a pisar tierra azteca. Hay deudas honrosas que uno nunca acaba de pagar, ni tampoco quiere uno hacerlo; en el caso mío con México, para así poder “volver, volver, volver”, como dice una famosa canción mexicana que todo latinoamericano conoce.

 

fecha edicion
old id
626711
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América