Hace seis años cuando inicié mi carrera periodística en el diario DIAaDIA, de Editora Panamá América S.A., dije no una, sino muchas veces que Celestino “Pelenchín” Caballero no sólo sería campeón del mundo, sino que escribiría su nombre entre los grandes del boxeo panameño.
Hoy, aquellas palabras que muchos tildaron de descabelladas y que fueron motivo de burlas, se han hecho realidad.
Y es que lo que hizo en la noche del viernes “Pelenchín” se convierte en una de las hazañas más importantes dentro del boxeo panameño, sólo comparada con la victoria de unificación de Roberto “Mano de Piedra” Durán en 1978 sobre el puertorriqueño Esteban De Jesús, o las 20 defensas que realizó Eusebio “El Alacrán” Pedrosa del cetro pluma de la AMB.
Como lo pronostiqué el viernes, Caballero hizo valer los tres elementos que lo llevarían a la victoria: estatura, alcance y poder.
Al final, “Pelenchín” fue mucha pieza para el canadiense Steve Molitor, que a mi concepto, utilizó una estrategia equivocada.
Molitor debió ser un poco más agresivo. Debió entrar y salir en la guardia de “Pelenchín” con tal de ir sumando puntos con golpes cortos. Sin embargo, era tanto el pánico que sentía, que prefirió montarse en una bicicleta cuando empezó a sentir los bombazos de “Pelenchín”.
Sólo me resta decir que “Pelenchín” confirmó el porqué le huyen los grandes del boxeo en su categoría.
El triunfo de “Pelenchín” estará instalado en el baúl de los recuerdos como una de las más grandes victorias panameñas de todos los tiempos.
“Pelenchín”, más allá de derrotar a Molitor, ganó R-E-S-P-E-T-O y un futuro puesto en el templo de los inmortales del boxeo.