El Real Madrid destrozó la maldición de octavos de final que le asolaba en las seis últimas temporadas, y con el toque de José Mourinho demostró que aprendió a competir, aguantó en pie los momentos de tensión ante el Olympique de Lyon, y acabó goleando ayer 3-0 para relanzar la ilusión del madridismo.
Mourinho devolvió la autoestima perdida al "campeón de campeones en Europa", como el técnico portugués define al Real Madrid.
El partido.
El Bernabéu pasó del silencio estremecedor en el minuto guardado por las víctimas en Japón a un ambiente intimidador. Duró poco, lo que tardaron en aparecer fantasmas del pasado. Hay miedos que se instalan en las cabezas de los jugadores. Se heredan. Situaciones de riesgo en las que se imponen aquellos que saben competir. Años sin ganar una eliminatoria se plasmaron en momentos de duda. Seis temporadas de sonoros fracasos era un peso difícil de quitar.
El Madrid salió en tromba. Al alemán Mesut Özil le faltaron milímetros para llegar a un pase en profundidad de Marcelo. No se habían cumplido cuatro minutos y aparecía en escena el brasileño.
Fue decisivo. Encontró en su carril una autopista que recorrer sin límite de velocidad. Revelliere no sabía por dónde le pasaban. Un cabezazo de Marcelo lo despejó Lovren. Un zurdazo lo sacó Lloris ajustado al palo.
El Lyon no se iba a dejar avasallar. Con un buen posicionamiento, adelantó metros y se adueñó del balón. Generó inquietud a un Bernabéu que tiene en la retina recientes descalabros europeos.
Tanto que los dos diablos ofensivos, los argentinos Delgado y Lisandro, comenzaron a crear nerviosismo en los centrales. Pepe (sobreexcitado) y Carvalho vieron cartulinas amarillas. Casillas tuvo que intervenir ante un derechazo ajustado del Chelo. El Real Madrid necesitaba el balón. Xabi Alonso debía aparecer. Añoraba a Granero.
La tensión afeó el espectáculo. El escenario favorecía al equipo de Mourinho y era el momento en que debía aparecer un líder. Y fue Marcelo el que acaparó el protagonismo al conectar con Cristiano, se adentró en el área, recortó con frialdad con la pierna derecha y con la izquierda superó a Lloris.
El Bernabéu respiró al unísono. Los jugadores mostraban un cambio a la hora de la verdad. Era el momento de cambiar la historia.
En la reanudación supo manejar los tiempos el Madrid. Arriesgó el Lyon, dando entrada a Gomis. Obligado a marcar, dejó huecos en defensa. Era su sentencia de muerte. Dos cabezazos de Cristiano -no estaba para más-, un disparo con buenas intenciones de Özil y la sentencia de Benzema.
Regresó la fiesta al coliseo de la Castellana. Un grave error en la salida de balón del Olympique dejó a Benzema en un mano a mano ante Lloris. En su momento más dulce no desaprovechó el regalo. Es el jugador clave de la eliminatoria, tras marcar en los dos partidos. Se marchó con su afición en pie. Reconociendo el esfuerzo y la evolución de un futbolista que ha cambiado su identidad.
Ángel Di María, trabajador todo el encuentro, se sumó a la fiesta marcando el tercero.