Pese a la caída en la final del Mundial de baloncesto de Indianápolis, el seleccionado argentino se siente orgulloso de haber escrito una de las páginas más gloriosas del deporte del país sudamericano.
El equipo dirigido por el técnico Rubén Magnano fue derrotado el pasado domingo por el ahora pentacampeón mundial Yugoslavia, por 84 a 77, en un partido definido en tiempo extra.
El conjunto argentino, que había ido al torneo con el objetivo de clasificar entre los seis primeros del mundo, según lo señalado por Magnano y por varios de los jugadores, llegó al último día de competencia con la posibilidad de alcanzar el título tras una serie de ocho triunfos consecutivos.
Entre esas victorias destacó la que obtuvo sobre el "Equipo de Ensueño", como se conoce a la selección de Estados Unidos, formada por jugadores profesionales.
"Pudimos ganar el partido, pero por estas cosas que tiene el deporte se nos escapó en el final una victoria que merecimos", dijo Magnano horas después del encuentro, en declaraciones a Radio del Plata de Argentina.
"Dimos muestra de espíritu deportivo y buen juego y creo que todos aquellos que hayan seguido el partido, ya sea en el estadio o por la televisión, deben haberlo disfrutado", sostuvo. "Nos quedó un sabor amargo por la derrota y por una medalla de oro que merecíamos y se nos escapó", añadió el entrenador.
La de 2002 fue la mejor actuación de un seleccionado argentino en un Mundial de baloncesto desde que ganó la competencia de 1950, que se realizó en Buenos Aires, y en la que el conjunto local se consagró campeón luego de vencer a Estados Unidos en la final.
Este año, fue justamente la victoria ante el seleccionado estadounidense en la segunda ronda del Mundial lo que catapultó al equipo argentino a lo más alto, algo que reafirmó con las victorias ante Brasil y Alemania por cuartos de final y semifinales, respectivamente.