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Argentina, país de vinos

La llegada de inmigrantes europeos mediterráneos a mediados del siglo XIX, y conocedores de la vitivinicultura, supuso un mejoramiento de las técnicas de cultivo.


Argentina es el primer productor de vinos de América Latina y el quinto productor mundial, con una superficie de 200,000 hectáreas cultivadas en las que se producen 1,200 millones de litros anuales.

El cultivo de la vid se remonta al siglo XVI cuando el sacerdote y misionero Padre, Juan Cedrón, plantó en Santiago del Estero, vides que trajo desde Chile. Más adelante, otras órdenes religiosas trajeron vides a través del estero del Río de la Plata y se extendió la viticultura por las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Salta y Mendoza. Debemos recordar que el vino forma parte importante de la liturgia Católica y era imperativa la presencia del vino durante la misa. Sin embargo, el vino se producía de forma artesanal y para consumo interno, bebida que fue favorecida por la guerra de independencia, al no permitir la importación de caldos españoles. De esta forma, se expandieron los viñedos por las demás provincias.

La llegada de inmigrantes europeos mediterráneos, a mediados del siglo XIX, especialmente de Francia, España e Italia y conocedores de la vitivinicultura, supuso un mejoramiento de las técnicas de cultivo, lográndose el perfeccionando las nuevas técnicas y la competitividad de los mercados con el paso del tiempo.

 

En Argentina se cultivan las variedades blancas Torrontés, Chardonnay, Semillon, Chenin Blanc, Sauvignon Blanc, Viognier, Riesling y Ungi Blanc, y entre las tintas, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Bonarda, Malbec, Sangiovese, Barbera, Merlot, Tempranillo y Syrah. El cultivo se da en tres grandes regiones, diferenciadas unas de las otras por su altitud, tipo de terreno, cantidad de lluvias y variación de temperatura. Estas regiones son de norte a sur, el Noroeste argentino con las provincias de Salta y Catamarca; que comprende las provincias de La Rioja, San Juan y Mendoza, y Patagonia con las provincias de Neuquén y Río Negro.

En el mes de abril, correspondiendo con el otoño austral, se inicia la vendimia, evento que se celebra tanto en Chile a como en Argentina. En vísperas de ese evento, este año, Editora Panamá América fue invitada por Wines of Argentina, organización que incorpora al 95% de los productores de vinos argentinos, a participar en una gira por las diferentes zonas productoras de vino argentino, junto con otros quince periodistas, editores, críticos, sumilleres y fotógrafos, de Costa Rica, Colombia y Venezuela. Siendo yo un colaborador de la empresa en temas enológicos, fui designado para representarlos por Panamá, en tan atractiva aventura, gestada y conducida por Hugo Sabogal, conocido y afamado periodista, experto en promoción y mercadeo del vino argentino.

En Buenos Aires nos esperaba Hugo quien nos entregó la agenda de trabajo. Nuestra sorpresa fue a la vez agradable y atemorizante. La propuesta era efectuar una gira de cuatro mil kilómetros en siete días, en la que viajaríamos, desde la norteña Salta, junto a Bolivia, hasta la Patagonia, en el Sur; allí visitaríamos más de sesenta bodegas y asistiríamos a tres catas regionales. También allí, nos encontraríamos en ecosistemas tan variados como los desérticos y agrestes Valles Calchaquíes del norte de Argentina, con alturas entre 1700 y 2400 metros de altura, el fértil valle riojano de Famatina, situado entre dos sierras famosas por sus granizadas (ya les hablaré de la experiencia) y, bajando por las laderas de la cordillera de los Andes hasta Mendoza, Meca de la Enología argentina y de ahí a las extensas planicies con horizonte de pastos, mecidos por los vientos de las pampas. Era como dejar a un niño en una juguetería.

 

La ruta programada salía por avión: de Buenos Aires hacia Cafayate y Colomé en la provincia de Salta, de donde pasaríamos a Chilecito en la provincia de La Rioja y de ahí a San Juan. Luego por tierra, en autobús, a Mendoza y nuevamente por avión a Neuquén y desde allí, en autobús, a la Patagonia y posterior regreso a Buenos Aires, por avión.

Con los bártulos a cuestas, iniciamos el periplo. En futuras entregas les iré comentando mis impresiones de cada una de esas escalas, sus gentes, sus paisajes, sus comidas y sus vinos. Pero no quiero terminar esta introducción, sin antes compartir con ustedes lo agradablemente orgulloso y sorprendido que me sentí del profesionalismo de nuestros pilotos de COPA que nos hicieron el viaje placentero con despegues y aterrizajes apenas perceptibles.


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411262
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América