La 88 edición del Tour de Francia, que arranca hoy con un prólogo, en Dunkerque y concluirá el 29, en París, presenta un recorrido bastante montañoso y al estadounidense Lance Armstrong, ganador de las dos últimas ediciones, como favorito número uno para revalidar los laureles.
Los organizadores de la prueba han querido lavar un poco la imagen de la carrera, intentando ocultar la dureza con alguna que otra etapa corta, con dos jornadas de descanso y manteniendo los kilómetros contrarreloj, pero no lo han conseguido, ya que el perfil de algunas de sus jornadas hace temblar a más de uno.
Es una especie de vuelta al pasado tras un par de años de moderación.Ideal para escaladores, pues habrá nada más y nada menos que cinco llegadas en alto, tres en los Pirineos, destacando la décimo tercera, entre Foix y Saint Lary Soulan.
Siete colosos jalonan esos 222 kilómetros de viaje.Salvo cambios, Portet de Aspet, Menté, Portillon, Peyresourde, Val Louron y el final en la estación de Pla de Adet (Saint Lary Solaun).
Una etapa que se presenta decisiva, pues cuenta con un valor añadido extra: está intercalada entre otros dos finales en alto, los de Aix-Les-Thermes y Luz Ardiden.Jornadas que deben de dejar el Tour visto para sentencia y que refleja bien a las claras su tremenda dureza.
En ese menú montañoso mención especial a un par de etapas que tendrán por escenario los Vosgos y la "clásica" con final en Alpe d"Huez, con los míticos Madeleine y Glandon por medio.
Por si fuera poco los escaladores tendrán a su favor la cronoescalada a Chamarousse, de 32 kilómetros, que termina por desnivelar la balanza a favor los especialistas en la montaña, pues los contrarrelojistas natos tan sólo tendrán los 8 kilómetros del prólogo, los 67 de la crono por equipos y 61 en la antepenúltima etapa.
Son las jornadas consideradas claves de un Tour en el que la participación no tiene tanto renombre como en otras ediciones y en el que Lance Armstrong parte como el hombre a batir al ser el ganador de las dos últimas ediciones.