Un Arsenal tremendamente ofensivo se metió ayer por derecho propio en las semifinales de la Liga de Campeones de fútbol tras desbaratar con un contundente 3-0 a un Villarreal que acabó con diez jugadores, que se mostró torpe y que sacó a relucir en el Emirates flaquezas defensivas poco habituales.
Coordinación, eficacia y método. El Arsenal compensó ante su hinchada la aguda crisis que hizo mella en su zaga, optando por un planteamiento cien por cien ofensivo que apenas dejó respirar al bloque amarillo y superó su muro de contención.
Los primeros minutos fueron una nebulosa para el Villarreal. Claramente, el equipo londinense superaba a sus visitantes.
Acción.
El primer gol llegó en el décimo minuto, en una gran combinación en la que Cesc prolonga de tacón para que Walcott, de vaselina, lograse el 1-0.
El Villarreal encadenaba errores poco frecuentes en este equipo; le fallaba la defensa. Gonzalo se desbarataba; el uruguayo Diego Godín tampoco estaba fino, y aunque parecía que la formación de Pellegrini recuperaba terreno a la media hora, las ocasiones las generaba el Arsenal.
El "submarino" necesitaba una dosis de creatividad. En la recta final del primer tiempo, empezó a coordinar pases y por fin restó dominio a la formación de Wenger.
La mejor ocasión -malgastada- llegó en el minuto 45, con un lanzamiento de esquina de Mati-gol que remató Godín, pero que salió por encima del larguero.
El descanso sentó bien al Villarreal. Al campo saltó un once diferente al del primer tiempo. Destacó la presencia del galo Robert Pires, que empezó a imprimir su huella, a pedir el balón y ordenar.
Pero otra vez fueron los "gunners" los que movieron el marcador con un remate del altísimo Adebayor a pase de Van Persie, que supuso el dos a cero.
La situación tan sólo empeoró para el Villarreal cuando el árbitro alemán Wolfgang Stark generó polémica al pitar un más que dudoso penalti a favor del Arsenal por una entrada de Godín a Walcott.
La protesta de los amarillos le costó muy cara a Eguren, que fue expulsado, por doble amonestación, en el 67, dejando en inferioridad numérica a la escuadra de Pellegrini.
Convirtió el penalti Van Persie, que sentenció la eliminatoria, metiendo al Arsenal en semifinales.