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Assassin, un caso de película

Estamos claros en que cuando un juez toma una decisión, la parte que no resulte favorecida usualmente presenta alguna objeción...

Egbert Lewis
Egbert Lewis

Estamos claros en que cuando un juez toma una decisión, la parte que no resulte favorecida usualmente presenta alguna objeción sobre el fallo. Sin embargo, existen límites de tolerancia que permiten que uno pueda decir que, tal o cual decisión, estuvo lo suficientemente próxima a la realidad.

Un ejemplo clásico se dio en la novena carrera del sábado 9 de julio, cuando resultó distanciado el nativo Assassin, tras ganar en gran estilo sobre el argentino The Best Van.

Lorenzo Lezcano, quien estuvo sobre The Best Van, así como el entrenador de este, Juan Carlos Martucci, presentaron reclamo contra el jinete Víctor Gutiérrez de Assassin y alegaron que en los últimos 500 metros baja obstruyendo su paso de carrera.

 

Tras observar el recorrido de la competencia, mediante la grabación, dos de los tres comisarios (Carlos Boza y Marcel Zúñiga) votaron por distanciar a Assassin, en tanto que José Grimaldo se aferró al artículo 372 del reglamento de carreras para "salvar su voto", puesto que a su parecer, Assassin baja con el cuerpo de luz que le permite el reglamento.

Hoy, casi cuatro días después, el fallo sigue siendo tema de discusión entre quienes piensan que Zúñiga y Boza acertaron, mientras que la contraparte apoya lo actuado por Grimaldo.

Si me preguntan diría que -como sucede muchas veces- cualquiera de los fallos era aceptable, aunque me inclino más por la postura del señor José Grimaldo. Si bien es cierto que el caballo Assassin durante su embalaje se mueve ligeramente hacia su costado, también es cierto que el jinete Lorenzo Lezcano hace una maniobra extraña. Y es, sobre esta acción de Lezcano, donde se debe ser cauto y observador.

 

Explico. Desde que volvió a montar hace un par de meses -con mucho éxito por cierto- hemos visto a Lorenzo Lezcano montado con bastante precaución, incluso hemos notado que en varias de sus actuaciones tiende a "sacar" a sus caballos del riel cuando siente que su seguridad está comprometida.

Otro aspecto que he observado es que trata siempre de estar adelante, lo cual es una ventaja competitiva y, a la vez, una clave de seguridad. En el incidente del sábado hubo un poquito de todo lo que he descrito.

Pero ese no es el problema. El punto es que los jinetes siguen montando de manera temeraria sin tomar en cuanta que, con esas maniobras peligrosas, lo que hacen es exponerse ellos y poner en riesgo a sus colegas.

 

En cuanto a Víctor Gutiérrez, se está destacando como un jinete con posibilidades de sobresalir, pero si con tan solo ocho meses en la profesión ya se le ven esas mañas, entonces, va siendo hora de ponerlo en cintura porque es reincidente en esas acciones.

Lo malo de esto es que quienes siempre resultan sacrificados son los apostadores. Si nuestra reglamentación estuviera más acorde con la realidad, en un caso como el que nos ocupa, lo conducente hubiera sido dejar el final tal cual como llegaron a la meta, pero sancionar al jinete por monta desordenada.

Pero como eso no se puede, la primera opción es el distanciamiento, como ocurrió con el caballo Chakalin, que ganó por una hora la primera carrera del sábado 2 de julio, y fue distanciado por un estorbo en la partida, porque así está estipulado. O el caso de la descalificación del Cobrizado debido a que su jinete regresó al repeso con dos libras por debajo de lo pactado.

 

En todos estos incidentes, la constante es que los fanáticos terminan con la peor parte.

El destino y la naturaleza son sabios y todas las semanas nos están dando señalas a los hípicos y, sobre todo, a quienes tienen la sartén cogida por el mango, de que ya es tiempo de producir cambios estructurales y no seguir llevando a los apostadores a lo que, en vez de un hipódromo, aparenta ser un matadero.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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