Aníbal Ibarra, un ex fiscal de 42 años que basó su carrera política en la lucha contra la corrupción, prestó juramento ayer como nuevo jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y accedió al tercer cargo en importancia política en la Argentina.
En su discurso inaugural, la seguridad urbana, construir más escuelas, impulsar el desarrollo productivo de la ciudad, especialmente de su zona sur, la más pobre de la capital, y erradicar las "villas miserias".
También se comprometió a que cuando finalice su gestión, dentro de cuatro años, la ciudad contará con policía y poder judicial propios.
Solamente la presidencia y la gobernación de la provincia de Buenos Aires son consideradas como más relevantes que la jefatura del gobierno autónomo de la capital federal. Pero el distrito, aparte de ser la sede del gobierno federal, del Congreso y del Poder Judicial, genera casi el 26% del producto interno bruto (PIB) nacional.
Ibarra, un agnóstico que juró por su honor desempeñar su cargo ante los 60 miembros de la Legislatura local, es una de las figuras más relevantes del centroizquierdista Frente del País Solidario (FREPASO).