La expectación suscitada ante un posible cese unilateral de hostilidades por parte de la principal guerrilla de Colombia, las FARC, se ha visto ensombrecida ayer por dos ataques rebeldes a pueblos del sur del país que causaron la muerte de varios policías y civiles.
Medio millar de guerrilleros del Bloque Sur de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) atacaron durante casi doce horas las localidades de Curillo y San José del Fragua, situadas en el departamento selvático del Caquetá.
En una evaluación preliminar ofrecida a primera hora de la mañana en Bogotá, el comando del Ejército informó de la muerte de al menos nueve policías y diez civiles, que tres agentes más resultaron heridos y otros diez desaparecidos.
Esta versión se basó en informes del responsable de la brigada militar en la región, general Javier Hernán Arias, quien comunicó desde la capital caqueteña, Florencia, que las FARC habían arrasado la oficina policial de Curillo con armas "no convencionales".
En esta ocasión, las FARC utilizaron cilindros (bombonas) para gas cargados con explosivos y también gasolina, que lanzaron contra el puesto local de la policía con una "motobomba", según la versión castrense.
En una segunda comunicación, portavoces del Ejército en la capital colombiana informaron de que las primeras tropas que llegaron a Curillo confirmaron la muerte por quemaduras de dos policías y la desaparición de al menos otra decena, que previsiblemente han sido secuestrados.
Otro policía fue herido y tres más, que resultaron ilesos, estaban entre las "ruinas humeantes" del cuartel de esta localidad, distante 110 kilómetros al sur de Florencia y en los límites del á con el del Putumayo, fronterizo con Ecuador.
Según las versiones oficiales, otros dos policías y una mujer perdieron la vida en San José del Fragua, en tanto que otra lugareña embarazada resultó herida.
"Es un hecho de barbarie", declaró el ministro colombiano de Defensa, Luis Fernando Ramírez, al aludir a la utilización de armas "no convencionales" que no sólo causaron muertes sino gran destrucción en edificios públicos y civiles.
El vicepresidente colombiano, Gustavo Bell, resaltó que en el conflicto interno de su país se está llegando a "límites intolerables" que hacen urgente que en la mesa de negociaciones del Gobierno con las FARC se promuevan pactos sobre el respeto del Derecho Internacional Humanitario.
Esta nueva escalada violenta tuvo lugar a falta de pocos días para que el "secretariado" o mando del principal grupo rebelde anuncie si acata el llamamiento a una tregua que hizo el presidente de Colombia, Andrés Pastrana, a las organizaciones de extrema izquierda y ultraderecha.
El gobernante instó a esos grupos a que cesen sus acciones militares durante un mes a partir del próximo día 15 para que el país pueda celebrar en paz las festividades de Navidad y Año Nuevo.
El portavoz principal de las FARC en el proceso de paz con el Gobierno, "Raúl Reyes", ratificó el martes que la jefatura rebelde reconsidera una anterior propuesta de tregua condicionada que su grupo había presentado al Gobierno.
"La estamos estudiando", dijo desde la zona de distensión, para subrayar que la tregua debe ser unilateral "porque no conozco hasta ahora que el Gobierno nacional haya decretado el alto el fuego".