São Paulo (EFE).– El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, logró este domingo una histórica victoria en la segunda vuelta electoral al imponerse por más de tres puntos porcentuales al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro, según los datos oficiales divulgados tras el escrutinio.
El triunfo del líder progresista representa una hazaña sin precedentes en la política brasileña, al revertir los resultados de una primera ronda altamente desfavorable y consolidar un giro político decisivo en la mayor economía de América Latina.
El resultado constituye un hito democrático absoluto desde el fin de la dictadura militar (1964-1985).
Por primera vez en casi cuatro décadas de institucionalidad democrática, un candidato que finalizó en la segunda posición durante la primera vuelta logra dar la vuelta a las encuestas y derrotar a su adversario en el balotaje.
En la primera vuelta, el panorama parecía favorable a la ultraderecha: Flávio Bolsonaro fue el candidato más votado con el 47 % de los apoyos frente al 45 % obtenido por el dirigente progresista, lo que supuso una brecha inicial de 2.2 millones de votos a favor del senador.
Sin embargo, la capacidad de movilización de la izquierda y la articulación de alianzas estratégicas en los centros urbanos permitieron a Lula revertir la desventaja inicial en un desenlace inédito para los analistas políticos.
Este triunfo amplía la trayectoria de un sistema electoral configurado tras el retorno a la democracia en 1985, caracterizado por una marcada polarización que se ha intensificado en las últimas décadas.
La contienda no solo midió dos modelos socioeconómicos opuestos, sino también la vigencia del capital político del movimiento sindicalista originado en el cinturón industrial de São Paulo en los años 70 frente a la consolidación de la corriente conservadora articulada en torno a la familia Bolsonaro.
Con esta victoria, la democracia brasileña abre un nuevo capítulo en el que la capacidad de negociación parlamentaria y la gestión de la polarización social serán determinantes.
Lula asume el desafío de gobernar un país dividido tras haber protagonizado la mayor remontada en la historia de las urnas brasileñas, demostrando una vez más la complejidad y dinámica del electorado en la era post-dictadura.