De una manera increíble, pero muy real, los atletas de Kenia, un país del este africano, se han posicionado día con día como los mejores corredores del mundo.
Adonde vayan, estos atletas dominan todo tipo de competencias atléticas que implican resistencia, y en Panamá no han sido la excepción.

Claro que no, porque hace un par de años llegó al territorio canalero un pequeño grupo de hombres kenianos, los cuales empezaron a inscribirse en las carreras recreativas de largas distancias de los fines de semana y, de paso, fueron adueñándose de todos los podios de las competencias. Hoy día lo continúan haciendo y no ha habido atleta panameño o foráneo que les dé la talla como debe ser. Un digno ejemplo ha sido Joel Kiptanui, el último de este grupo de kenianos, que ganó la distancia más larga del Circuito Asics, de 21 kilómetros en Gamboa, el pasado domingo 4 de octubre ante más de 1,300 corredores.
Y ni qué decir del triplete conformado por Geofrey Bundi, Emanuel Nanga y Peter Lemayan, que reinó indiscutiblemente en la versión XI de la Maratón y Media Maratón Internacional de Panamá, en junio. Y si nos vamos más allá, trascendiendo fronteras, estos corredores africanos son tan extraordinarios que de los 181 atletas de todas partes del mundo que han corrido en las maratones más importantes por debajo de las 2 horas, con 10 minutos, 133 son kenianos. O sea, estos deportistas están volando sobre las pistas de carreras en comparación con otros. Tanta es la supremacía de los de la tierra del Harambee que, según un estudio realizado el año pasado por la Universidad del País Vasco, en España, y publicado en la revista especializada Journal of Applied Physiology, la clave del rendimiento de estos hombres y mujeres africanos está en el cerebro.

Sí, así mismo como lo ha leído, en el cerebro.
El análisis sostiene que los atletas de Kenia tienen una mejor oxigenación cerebral, gracias a varios factores externos que juegan un papel fundamental desde que son unos niños.

El estudio detalló estos factores de la siguiente manera:
La altitud, Nairobi, la principal ciudad de Kenia, se sitúa a 1,600 metros sobre el nivel del mar, y el Valle del Rift, de donde procede la mayoría de los kenianos ganadores de maratones, tiene una altitud de 1,200 metros. Este factor, según el estudio, provoca que el feto esté más protegido y, por tanto, que le llegue más sangre a la arteria uterina, lo que provoca, a la larga, una mayor capacidad cardiopulmonar.
Ejercicio durante la niñez, los chicos kenianos se desplazan durante largos recorridos a pie. Esto implica un mayor crecimiento neuronal, a consecuencia de una mayor vascularización del encéfalo, que incide en esa capacidad de resistencia cuando son mayores.
La fisonomía de los kenianos, por lo general, y debido a modificaciones históricas de sus genes, es delgada. Por tanto, tienen menos masa muscular que mover y eso se traduce en que gastan un 8% menos energía por kilómetro que sus competidores.
La motivación. En muchos lugares de África, y en general en Kenia, la única salida profesional que hay es la de llegar a ser un atleta de élite.
La orografía, los niños se acostumbran a correr por caminos, veredas y pistas de tierra, con la ventaja de que sus músculos se fortalecen rápidamente.
Claves
42 kilómetros es la distancia de una maratón, un evento realmente exigente para estos atletas.
133 Ha sido la cantidad de atletas kenianos que han corrido grandes maratones por debajo de las 2 horas 10 minutos. Ningún otro país supera este número.
1,600 metros de altura es la medida en que se encuentra Kenia sobre el nivel del mar.