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Autenticidad de la música urbana panameña

Un yucalele, un balde con un palo y una cuerda amarrada salida del centro que hacía de bajo, unas maracas hechas de botellas plásticas de cloro, latas con semillas o piedras y la tumba, eran los elementos básicos del combo de la esquina.


Si recuerdo bien, a mediados de los sesenta, la coreografía musical en Panamá la teñían los conjuntos de música tropical de Cuba y Puerto Rico como Cortijo y su Combo, Tito Puente, El Gran Combo y la Sonora Matancera, entre otros, que sonaban incesantes por las radios sus pregones y sus coros adornados por el aporreo de las percusiones.

En ese tiempo, en el patio, teníamos lo nuestro con orquestas como La Alegría, Armando Boza, Mojica, con referentes de la música cubana y ritmos nativos como la tamborera, ofreciendo una musicalidad orientada hacia la autenticidad. En esos tiempos en barrios como San Felipe, Santa Ana, El Chorrillo, El Marañón y Calidonia, los pela’os (los buays como decíamos) se reunían en la esquina de la calle o en el zaguán a vacilá con una tertulia que iba desde los deportes, las hembras, música y anécdotas de lo cotidiano que atravesaba por nuestras vidas en esos tiempos.

De repente, alguien llegaba con unas maracas, unas claves y se comenzaba a pregonar, y a capella se escuchaban los sones y boleros en la calle del barrio. Surgen entonces los pequeños combos que utilizaban yucalele, un balde con un palo y una cuerda amarrada salida del centro que hacía de bajo, unas maracas hechas de botellas plásticas de cloro, latas con semillas o piedras y la tumba, eran los elementos básicos del combo de la esquina. La musicalidad se basaba en el calypso, una especie de Soca, Ska y demás ritmos caribeños venidos de nuestros negros (chombos) de Jamaica, Barbados y Trinidad. El Calypso era la base. Lo escuchabas en la casa de inquilinato, el caserón; desde los cuartos hacia los pasillos, los baños, el patio, cuando salías por el zaguán, ibas por la calle y resonaba un pedazo de la canción, un pregón y lo ibas repitiendo, produciéndose un reflejo en  el modo de caminar.

 

A eso le añadías un coro prestado de las orquestas del momento y se iba improvisando a punta de pregones con el son del yucalele.

Una experiencia visual sobre estos combos lo apreciamos en el documental de nuestro cineasta Luis Franco y “La canción de nosotros” con pela’os de la barriada Nuevo Veranillo).

Estos combos, por su puesto, tenían nombres como las Estrellas Alegres, Los Soneros, Combo Sabor, Los Rascapaila, Corto Circuito, etc. y se constituyeron en el punto de partida para el surgimiento de los “combos nacionales” que brindaron la mejor y más auténtica música urbana panameña en los setenta.

 

Estamos hablando de aquellos que surgieron con fuerza a fines de los sesenta y que florecieron en los setenta, como Los Exciters, Soul Fantastic, y Los Mozambiques.  Había otras pequeñas agrupaciones que llamaban los Persuaders, los Gun Bay de Colón y otros. Estos combos elaboraron la más original y auténtica estructura musical panameña, fuera de la música típica.

Esta última era llamada, en forma despectiva, de “cholitos” y tenía gran audiencia en la gente del interior, del campo, rural. 

Volviendo a los Combos, estos traen el ritmo Calypso, que fusionan con la Tamborera, el típico y la salsa de Cuba y Puerto Rico. Con estos referentes tuvieron la capacidad y, siendo altamente creativos, dieron a luz nuestra música de combos nacionales que es lo mejor que pudo darse en toda la historia musical de Panamá. Podemos constatar lo que les hablo si ponemos atención suficiente a melodías de los Exciters, como “Ojos verdes como el mar, que me embelesan…”  con fuerte acento de tamborera, soul y soka. Habría que recordar el ritmo Soul que escuchábamos en emisoras de música negra como “eich or gi” cuyos elementos musicales, por ejemplo, los coros tipo Gospel de iglesia metodista destacaban en combos como los Beachers y Soul Fantastic.

 

Este momento sin igual en la música urbana panameña, tuvo muchos años en apogeo durante los setenta y principios de los ochenta, pero por motivos extraños se fue diluyendo hasta desaparecer prácticamente. No hubo una transición que permitiera su evolución y que se perfeccionara como una alternativa en el ambiente musical panameño, que por el contrario recaló en propuestas musicales imitadoras de los conjuntos boricuas de moda, fungiendo como repetidoras para terminar abriendo conciertos como teloneros. Claro que de agrupaciones de corte de salsa se tuvo aciertos en conjuntos como Bush, Salvajes del Ritmo por decir dos de la más auténtica salsa nuestra.

Pero el fenómeno de los “Combos Nacionales” fue único e irrepetible y que todos recordamos con nostalgia, pero también con alegría, ya que fue un  momento que disfrutamos en “naitafons” escuchando “Elisa” atravesándonos el corazón.

Mientras rememoro esos tiempos que quizás no vuelvan, le extiendo un dólar al pela’o del semáforo y me pasa un CD de los Beachers y el resto de los Combos Nacionales, que voy a escuchar sentado en mi casa frente al LG de 300 watts.


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417270
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América