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Autoestima y rehabilitación

En pleno apogeo del verano transito por las calles de la ciudad y en algunas paradas observo una cantidad sorprendente de estudiantes uniformados. Son los rezagados, los


Egbert Lewis (egbert.lewis@epasa.com) / PANAMA AMERICA

En pleno apogeo del verano transito por las calles de la ciudad y en algunas paradas observo una cantidad sorprendente de estudiantes uniformados. Son los rezagados, los que se quedaron, los obligados a asistir a lo que por mucho tiempo se llamó erróneamente curso de rehabilitación.

Al ver esta escena en la que percibo un predominio de niños de entre 13 y 15, es decir, en su mayoría estudiantes de premedia (primer ciclo), intuyo que si no se hacen correctivos temprano, el problema de ahora se nos convertirá en crisis mañana. Sí, porque si lo que mis ojos han visto corresponde a la realidad estadística, entonces muchos jóvenes avanzarán hacia niveles superiores de enseñanza cojeando, porque razón tenían nuestros viejos cuando decían que nadie va aprender en unos días lo que no pudo asimilar en 9 meses.

El tema es complejo. Por un lado está el ángulo académico, en el que los estudiantes por descuido de ellos mismos, de sus padres, de los propios educadores o hasta por falta de motivación, no logran cumplir las exigencias académicas del periodo regular de estudios y, por otro, se yerguen los factores socioeconómicos que muchas veces —a pesar de las becas y los subsidios— se interponen en el camino de quienes se están formando.

Hay quienes señalan a los estudiantes que están en la incómoda posición de ir a la escuela en una parte de sus vacaciones y se les estigmatiza como vagos y tarados, aunque no todos lo sean.

Antes los estudiantes nos esmerábamos en pasar el curso regular, aunque fuera con la nota mínima, para evitar la vergüenza de ser “rehabilitadores” y que todos nos vieran uniformados y yendo a la escuela en vacaciones. Se trata de trabajar en la autoestima de los jóvenes; hacerles ver la necesidad de superarse a sí mismos más que a quienes los rodean.

En el caso de las escuelas públicas, por lo menos hay evidencia de que los cursos se dan porque uno ve a los estudiantes uniformados asistiendo -aunque a regañadientes- a los cursos de recuperación que no son nada baratos; en las escuelas particulares es una historia aparte de la que hablaremos en otra oportunidad.

Por lo pronto, esperamos que la transformación de la educación tenga suficiente alcance para motivar a los jóvenes a estudiar con empeño para que no haya necesidad de que tantos de ellos sufran en las paradas durante el verano, el mismo suplicio que padecen en, tiempo de lluvias.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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