CON MOTIVO de las dos competencias de reconocimiento a los responsables de la victoria alcanzada por Spago en el Caribe, ayer se entregaron algunas placas de reconocimiento.
Fueron distinguidos el propietario, Celestino Carbonell; el jinete, Ángel Rivas; el mozo de corral, Edgardo De Gracia; el criador, Fernando Eleta Almarán y el entrenador Moisés Henríquez.
Las placas les fueron entregadas después del handicap Spago que se disputó en la quinta de ayer.
Los colores del Stud La Marea han estado representados cuatro veces en el Clásico del Caribe, todos en Puerto Rico: Leonardo (1992), Gaudí (2000), Furor (2001) y Spago 2004, razón por la cual a Celestino Carbonell no se le pueden echar cuentos.
"Los puertorriqueños fueron muy hospitalarios, pero tienen muchas reglas que a veces uno piensa que lo están perjudicando", dijo.
Durante los entrenamientos en la Isla del Encanto Spago rechazaba la pista e incluso cuando galopaba se mostraba algo confundido y después que pasaba la meta la primera vez no quería seguir. Esto obligó a que tuviera que ejercitar acompañado: "Es un caballo complicado", insistió su dueño.
Incluso el jinete Cornelio Velásquez reportó después de la carrera que "el caballo extrañó la pista y de no haber sido por esto hubiera dado más de lo que se vio".
Celestino Carbonell adelantó que será muy difícil que el público vuelva a ver a Spago participar en carreras regulares. El plan, dijo, es correrlo sólo en los clásicos de distancias largas, como el Presidente y apuntar hacia la Copa Confraternidad del 2005.
Reconoció que su éxito en la hípica tiene mucho que ver con el factor suerte, pero dijo que a la suerte hay que buscarla y para ello hay que ser "perseverante e involucrarse bastante en todo lo que tiene que ver con el caballo".
"El día que no me involucre creo que tendría que dejar esto (la hípica). Yo disfruto y sufro por igual todo lo que sucede con mis caballos", afirmó, y recomendó a quienes les interese tener un caballo de carreras que si el caballo no pinta bien hay que salir de él (venderlo o regalarlo), ya que un caballo malo cuesta lo mismo que uno bueno en términos de manutención. Pero, sobre todo hay que involucrarse de lleno en el entrenamiento, con el entrenador, el jinete, el mozo de corral y, lógicamente, tener un poquito de suerte, terminó Carbonell.