En las sabanas que bordeaban sus aguas vivieron indígenas pescadores según las crónicas de la época colonial; en su sector occidental surgió la nueva urbe citadina; constituyó parte de "las afueras de la Ciudad" cuando los límites de esta sólo llegaban hasta el antiguo casino, y allí, donde ahora se levanta un moderno complejo de más de 50 pisos con hotel y residencias, quedó en algún momento La Marina.
El Muelle Fiscal marcó la puerta de entrada de miles de personas que luego se establecieron aquí, y en sus aguas, más de una generación jugó, soñó y tuvo una fuente de inspiración.
Razones, históricas, económicas y sentimentales hacen hoy de la Bahía de Panamá un punto de referencia para la vida de muchos panameños. Motivos más que suficientes para reconocerla como componente ineludible de hechos y palabras.
En vida mi amigo entrañable, Luis Alberto Franco Carvajal, "Franquito", me contaba del paseo de familias y parejas por el malecón, de ese escenario amplio y profundo que era la Bahía, y que por ejemplo, fue testigo de los primeros momentos de su amor con Blanca Brantley, su compañera de toda la vida. "Cuando convinimos en iniciar nuestra relación el acuerdo fue que cuando uno de los dos se fuera, el que le sobreviviera lanzaría al mar, al pie de la marina, las cenizas del que había partido". En 1996 Blanca se fue, y con la emoción de su octogenario corazón, sus manos temblorosas y sus ojos humedecidos, Franquito lanzó sus cenizas a esa Bahía que había visto nacer ese amor 50 años atrás.
Aunque en mi caso la llegada a la Ciudad se produjo desde la cuenca canalera a través de la vía Transístmica, el punto terminal era el Muelle Fiscal, más exactamente el Mercado Público, donde, de la mano de Berta Valencia Mosquera, conocí los abarrotes de chinos, la exquisitas sopas de las fondas, los balcones de edificios con arquitecturas impresionantes, y un "lago" mucho más grande que el Madden Dan (Alajuela).
Así que no es sólo "La Bahía", sino lo que ha significado para muchas generaciones, y lo que significará en el futuro: testigo permanente de la evolución de una Nación. Un prisma de sueños, realizaciones y despedidas, un punto potencial para la consolidación económica del país... un vitral donde somos y donde nos miramos. Desde que se inició, hace años, la instalación del alcantarillado sanitario, todas las aguas contaminadas han tenido su destino final en la Bahía. El Casco Viejo y lo que comprende Santa Ana, Calidonia y la Exposición, entre otras, envían hasta ese lugar las aguas servidas a través de tuberías. En los nuevos proyectos urbanísticos fueron utilizados los ríos que atraviesan la metrópoli para hacer las descargas.
La deficiencia de esos sistemas es que carecen del tratamiento del liquido vital, para su limpieza.
El resultado es de todos conocidos: un escenario contaminado que pone en jaque la salud de la población, y atenta contra generosos aportes al alma citadina. Y no se trata solo de las aguas, sino de los olores que emanan. Nuestro entrevistado subraya sin embargo la necesidad de que la propia población participe en estas alternativas. "Hay que crear una cultura de protección del ambiente", señala.
En contraste con el empeño puesto por los panameños por hacer hermoso y pujante ese sector de la Ciudad, el foso en que se ha convertido la bahía han hecho de su saneamiento una medida urgente.
La semana pasada el Gobierno suscribió un empretito por 350 millones de dólares para cumplir con ese objetivo, cuya materialización puede tomar unos cinco años.
¿En qué consiste el proyecto? Nilson Espino, un veterano ingeniero que fue ministro, alcalde, director del Instituto Nacional de Alcantarillados, docente y hace pocos años uno de los directores del Ente Regulador precisa que al respecto se han hecho varios estudios, y que se trata de un proyecto gigantesco.
El propósito es someter las aguas servidas a un tratamiento que impida que lleguen contaminadas hasta su destino final.
Pero para ello hay que sanear primero la Ciudad y luego la Bahía, señala Espino y añade que existen varias opciones. Recolectar las aguas residuales que producen 900 mil personas por tuberías de alcantarillados sanitarios, y conducirlas a sitios de tratamiento, y segundo sanear los ríos Matías Hernández, Curundú, Juan Díaz, Matasnillo, Rio Abajo y todas sus quebradas, evitando que las aguas negras se depositen en sus cauces.
Actualmente - indica- las aguas residenciales representan el 80 por ciento del total del liquido servido que registra la ciudad. También las industrias, hospitales y ciertas actividades comerciales.
De cada cien galones de agua potable que se utilizan el 75 por ciento se convierte en aguas servidas.
Nilson Espino explica que cada vez que crece la población aumenta el consumo de agua potable y en igual proporción aumenta el volumen de las servidas. Es una espiral ascendente, que se puede abordar en varios escenarios.
"Las alternativas de los estudios que se han hecho plantean distintas formas de tratamiento. Por ejemplo construir una sola planta de tratamiento; o construir varias plantas, la alternativa de combinar plantas de tratamiento con lagunas de estabilización; y otra combinar plantas de tratamiento con lagunas de estabilización y un emisario dentro del "mar", señala.
Varias de esas lagunas estabilizadoras ya existen en el país, hay una en Veraguas y otra en Cerro Patacón.
Ahora bien, Espino explica que para determinar la cantidad de plantas se tendría que analizar el volumen de agua a procesar para que los diseños estén cónsonos con esa necesidad.
Habría que decidir si el proyecto se construye de manera integral o por etapas, especifica.
Las aguas contaminadas de los ríos y la Bahía pueden afectar la salud de la población por contacto directo, o por los malos olores que contaminan el aire que se respira.
Para Espino, el saneamiento de la Bahía debe ser parte del plan de desarrollo urbano metropolitano, que entre otras cosas debe implicar la sustitución de sus arenas negras y contaminas de hoy, por una que la convierte enana playa accesible.
Firmado el empréstito para financiar el proyecto lo que queda ahora es iniciar los trabajos, efectuar las licitaciones, que de realizarse, por ejemplo en el 2004, tendrían que estar presentando resultados en el 2009. Sanearla y remozarla constituye más que un compromiso con el desarrollo del país, una inversión futurista en la salud biológica y económica de los propios panameños.
La Bahía es pues un espejo, del pasado y del presente, y estará allí, desafiando los años, con sus aguas limpias y su arena blanca, como seno maternal de las generaciones venideras.
La administración Pública nos pertenece a todos, -subraya- y los funcionarios, ya sean elegidos o nombrados tenemos un compromiso de administrar los bienes que nos ponen en las manos, ya sean de dinero o fondos, de estructuras o programas, y debemos demostrar con nuestra actuación que podemos llevar adelante el proyecto de Nación que hace tanta falta en este país.