La pollera, el acordeón, el ritmo del repujador, esa carita de emociones de un pequeño inspirado en el tema "Patria", fueron elementos claves en la tarde de emociones, que se vivió, en una ceremonia especial de inauguración del estadio Omar Torrijos Herrera.
Eran las 4:45 p.m., en una tarde de verano, en una provincia cortada a puro sol de extremo a extremo, cuando el más pequeño de los lanzadores trepó a la loma y cantó el tema de Rubén Blades. Se trataba de Ángel, un chamaquito que ama el béisbol y también el canto.
Luego vino el segundo en la alineación, el mejor bateador del folclor criollo, esa linda pollera de colores que se movió alrededor de la lomita y se sacudió a ritmo de cintura de tercera hacia home. Era como un corre y corre, pero de cadera, de tembleques y de caritas pintadas por la emoción de la alegría.
Allí danzaban sobre el césped, con sus zapatos negros y blancos, sus camisillas, como si rindieran tributo a su Majestad, aquel deporte que por años ha sido el rey de reyes. Simplemente el pasatiempo nacional, algo así como el "sancocho" o el mismo Canal de Panamá.
"Oueeeeeeeeee", gritaban en las tribunas. La mujer veragüense disfrutó, el "Indio" bailó y salomó, fue una tarde de alegría, todos estaban felices, pues el "Rey" estrenaba su nueva fortaleza.
Cambio de velocidad. Tras el primer lanzamiento de folclor, a buena velocidad y por el medio de la bandeja, vino el cambio de velocidad, con un "jam" que partió el plato y un "reggaeton" que mordió la esquina de "home" afuera.
Los chicos, vestidos de camisa "indígena" se movían como lanzamientos en rompimiento, sin destino y sin rumbo fijo de aterrizaje. Vino el "doble dance", algo así como roletazos de pasos y movimientos de soltura.
El béisbol se vistió de gala, estiró los huesos. Habían pasado 10 años desde la última inauguración de un estadio de béisbol en Panamá.
Gusanillos locos. El "Gigante" tomaba fuerza. El rojo predominaba, el color de los Indios de Veraguas era latente. Dentro del estadio en los pasillos, los puestos de comidas empezaban a achicarse y cientos de aficionados buscaban desesperadamente el plato del día.
La yuca y el tasajo predominaban, la pizza se agotaba, el chorizo desaparecía y las bebidas casi se desintegraban.
"Nenito" Vargas y sus "Plumas Negras" sacaron el primer jonrón del estadio. La música que entonaban ponía a bailar hasta al que estaba en la banca. Era algo así como un ritmo de feria, de carnaval, una "papuja" con base robada y carrera anotada.
Lluvia de banderas. El terreno se inunda de banderas. rojas, azules y blancas, más de 110 pabellones de emociones recorren los senderos como el más veloz de los corredores. Un “infielder” de colores y unos jardines con flores de patria.
El estadio se prende de emoción, Panamá recibe a su nuevo estadio, orgullo veragüense y digno desfile de peloteros para la ceremonia inaugural.
El béisbol está de fiesta. Mucha fiesta. ¡Viva el béisbol!