Hace muchos años, siendo un adolescente, te gustaba contemplar la hilera de innumerables pájaros que solían descansar sobre el negro alambre del teléfono. Los veías limpiarse las alas sin mostrar temor alguno mientras desde la ventana del balcón de tu casa les apuntabas con tu rifle de balines y terminabas tumbándolos uno tras otro hasta que, asustados, los demás emprendían el vuelo. BB gun, le llamaban en inglés a tu arma en aquella época en tu nativa ciudad de Colón. En las tardes, los veías correr cómicamente sobre la hierba del parque, dando saltitos, picoteando aquí y allá, y poco antes de que los caminantes se acercaran por las veredas interiores, levantaban todos juntos el vuelo hacia los frondosos árboles cercanos. Aunque todavía hoy no sabrías nombrar las diversas especies, te dices que es muy probable que se tratara de las mismas que, en su momento, de manera deliciosamente eficaz ibas eliminando por el puro gusto de verlas caer reventadas y golpearse mortalmente en el pavimento. Ahora has sentido la necesidad de hacer otro tanto con los transeúntes que se desplazan, unos sin prisa alguna, otros a paso rápido, por aquella calle de la capital. Hace un rato subiste al campanario de la iglesia y con un rifle de mira telescópica recién comprado enfocas y disparas, enfocas y disparas, y sigues. La distancia no parece afectar tu estupenda puntería, sin duda forjada en tus años de juventud, y en el ejército. Ah, pero los que caen súbitamente al piso son personas, inocentes hombres y mujeres iguales a ti, no simples perros o gatos, o pájaros. Lo sabes muy bien, ni que fueras tarado, en eso estriba la gracia, lo excitante. Qué chistoso cómo se descalabran cada vez que, de súbito, los alcanza el impacto en la frente, el cuello o el pecho, como en la guerra. Sueltas la carcajada y por un momento ya no disparas sobre el caos de gente corriendo porque la risa te sacude desconcentrándote, y es cuando los pájaros cayendo aún desde el alambre se instalan por completo en tu mente mientras vuelves a disparar.
*Tomado de: Enrique Jaramillo Levi. Sincronías (180 Minicuentos). 9 Signos Grupo Editorial, Panamá, 2012