El 24 de marzo del 2010 el mismo Julio César Dely Valdés confirmaba, vía telefónica, a 10 Deportivo, desde España, que solo faltaban unas firmas para su designación como técnico de la selección y que Ariel Alvarado, presidente de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut), había conversado con él en Málaga, y todas las señales indicaban que Julio era el hombre.
Era una gran noticia para la familia fútbol en Panamá.
Sorpresivamente la iniciativa de Alvarado no pegó y el viaje a Málaga a conversar con Julio fue como arar en el desierto, porque el Comité Ejecutivo de la Fepafut le dijo no a la postura del jerarca del fútbol nacional.
En ese entonces, el misterioso grupo denominado “G-9” arrojó dos negativas. Una, que no era el momento de Julio, y la otra era que el “Panagol” no ha dirigido un club, que era mejor dejarlo correr un poquito más.
El “G9” propuso en su momento que se esperara después del Mundial para tocar el tema del técnico.
Esta decisión desacertada alejó a Panamá de ser un “sparring” de equipos mundialistas, tal como lo hizo Costa Rica, Guatemala y Canadá, por no tener un equipo formado y un DT en propiedad.
Una nueva figura. Pero 137 días después de que Ariel propusiera por primera vez a Julio, en medio de una pugna por las posibles elecciones de la Federación, se encienden nuevamente las luces y esta vez Julio ya no era el preferido de Alvarado.
Y es que el 8 de agosto, en una conferencia de prensa improvisada, dejaba en claro que había otro candidato. El argentino Alfio Basile entraba en escena y desplazaba a Julio a segundo plano.
La familia fútbol estaba revuelta y no tragaba que Basile fuera el DT de la “Roja”.
Pero, tras bambalinas, la presencia de Basile empujaba otra puerta para el estratega y hábil presidente de la Fepafut.
¿Será que la aparición de Basile creaba la presión necesaria para que el Comité aceptara a Julio?
Con seguridad no se puede llegar a esta conclusión, pero deja un fuerte olor a movimiento estratégico.
Ayer, con la declinación de Basile, Dely regresó a sonar tan fuerte como hace cinco meses, cuando Alvarado se tomó la molestia de viajar a España a conversar con Julio.
Al parecer, Basile fue la carnada, y el G-9 pudo haber caído en una jugada de jaque mate relámpago.
Cuatro jugadas bastaron para que Alvarado llegara a su objetivo. Un viaje, dos reuniones y un técnico de peso, fueron la presión necesaria para que aflojaran los pesos pesados de la Federación.
Esto también va sumado a las presiones externas de la fanaticada que clama por Julio frente a la selección.
Y los cinco millones.
Pero la posible movida del dirigente del fútbol nacional puede traer otros problemas.
El lunes 5 de abril el Presidente de la República señalaba: “cueste lo que cueste”, y aunque a varios en la FEPAFUT no les guste, el presidente de la República, Ricardo Martinelli, quiere que en el banquillo de la Selección Nacional de Fútbol, categoría Mayor, se siente uno de los “mejores técnicos del mundo”.
¿Considerará el Gobierno que Julio sea el mejor de todos los posibles en la palestra, y dará los cinco millones prometidos?
Amanecerá y veremos. Por ahora, la selección cuenta con un técnico interino, que es Jorge, hermano gemelo de Julio, quien posiblemente esté al frente del proceso Brasil 2014.