El presidente estadounidense Barack Obama repitió en su discurso anual lo que todos los gobernantes del mundo saben, pero que pocos incluyen en un proyecto de Estado que rinda frutos: darle prioridad a la educación.
En el caso de Panamá, arrancó lo que se ha denominado beca universal, pero que realmente se debe considerar un subsidio educativo y que servirá para seguir teniendo los mismos y lamentables resultados.
Conversaba esta semana con una doctora especialista que trabajaba en un hospital estatal, pero que ante situaciones incómodas, renunció y se dedica solo a la práctica privada.
A ella le comentaron recientemente de una plaza en el nuevo hospital de Panamá Este, pero no le interesa porque le va de maravillas en su clínica.
Los recientes y desesperados anuncios de que se necesitan médicos especialistas en el país contrastan con las críticas de varios sectores sociales, de que le den becas a estudiantes con un promedio de 3.0.
No sé qué es lo que pretenden premiar o incentivar, pero sería más provechoso reunir todos los recursos necesarios para ofrecerles a más panameños las posibilidades de especializarse en carreras que se necesitan en el país.
Conozco el caso de una joven médico que lleva cinco intentos por alcanzar una plaza para especializarse.
La primera fase del examen general la pasó. Ella quiere ser uróloga. En la segunda fase para ganar la plaza, quedó en tercera lugar. ¿Y, adivinen? Solo dan dos plazas.
Y esta admirable profesional no se da por vencida. Ahora aplicará para una especialidad en Radiología.
La suya es una carrera contra el tiempo y la frustración porque la edad tope para concursar por una plaza para especializarse es 35 años.
¿Qué necesidad hay de que quien tanto se ha quemado las pestañas pase por una situación tan angustiosa? ¿Es así como premiamos el esfuerzo?