El estadounidense Michael Bennett, campeón mundial aficionado de peso pesado, quiere aplicar en la olimpiada de Sydney lo que aprendió en la cárcel: buen boxeo y la honradez dentro y fuera del cuadrilátero.
Bennett, quien había jugado al football y practicado lucha en su época de estudiante secundario, aprendió a boxear y a ser un hombre de bien durante sus siete años en un centro correccional, lo que le abrió las puertas del equipo olímpico de Estados Unidos.
Bennett, de 28 años, asegura que su creencia en Dios lo ayudó a reencontrar su camino en la vida.
El joven había terminado su primer año univesitario en el North Park College de Chicago y trabajaba a tiempo parcial en la empresa United Parcel Service, cuando comenzó a sentir la influencia de las mala compañías.
Su madre, Yvonne, se dio cuenta del peligro que le acechaba y le pidió abandonar a los "amigos" con los que pasaba un buen tiempo diariamente, pero Bennett no escuchó los consejos.
Uno de sus compañeros lo convenció de que lo ayudara a asaltar una tienda de juguetes tras lo cual fue capturado y sancionado a 26 años de cárcel.
Tras una apelación, su condena fue rebajada a 15 años debido a que no tenía antecedentes penales.
Bennett indicó al diario USA Today que el momento más difícil de su vida fue cuando tuvo que confrontar a los ojos de su madre tras ser arrestado.
De ser un adolescente cuando entró a prisión, abandonó la cárcel por buen comportamiento siete años después, el 28 de julio de 1998.
Al principio se sintió muy deprimido en la cárcel, pero semanas después decidió que no tenía sentido estar 15 años entre rejas y se propuso rehabilitarse.
Fue así que comenzó a estudiar y se graduó de maestro de educación general en 1995 y también se inició en el boxeo.
Fueron tres compañeros de prisión a quienes sólo conoce como Papason, Pharoah y Mongoose, los que le enseñaron los secretos del pugilismo.
"Me entusiasmé tanto con el boxeo que sólo quería combatir, aprender y comprometerme cada vez más con el boxeo", declaró Bennett, quien mide 1,80 metros y pesa 97 kilos.
En poco tiempo ganó un torneo en la prisión y comenzó a pensar en integrar el equipo olímpico de Estados Unidos.
Tras ser liberado, viajó a su natal Chicago dispuesto a ser un boxeador de primera línea y no aceptó ser profesional sino probar primero en el mundo aficionado.
De inmediato los entrenadores comprobaron que tenía talento y ganó la medalla de plata en el campeonato nacional de 1999, tras sólo nueve combates como aficionado.
En septiembre, se coronó campeón mundial de peso pesado cuando el astro cubano Félix Savón no defendió sus seis títulos anteriores al retirarse su país de la competencia efectuada en Houston en protesta por decisiones de los árbitros.
"Sólo añoro disputar la olimpiada para enfrentarme a Savón, sé que sin ganarle a él no puedo sentirme campeón", afirmó Bennett.
Recientemente, durante las eliminatorias olímpicas efectuadas en Tampa, Bennet venció a DaVarryl Williamson, quien le había ganado dos veces anteriormente.
En ese torneo también venció a Malik Scott para ganar el puesto en el equipo olímpico que viajará a Sydney. Sus compañeros afirman que Bennett no sólo es un buen boxeador sino una persona honrada y buena.
"No puedo borrar el pasado, pero quiero tener un presente y un futuro en el cuadrilátero y en la vida", indicó Bennett, quien sueña con una medalla olímpica.