Un beso es una carga de profundidad que a veces estalla en los parques. El beso es un “probocador”, no lo puedes evitar. Es una “bocación” que asume con el mayor de los rigores y se mantiene fiel a las consecuencias.
El beso sale de la clandestinidad para hacerse público por elección popular. Generalmente derrota a sus adversarios por unanimidad.
El beso puede propiciar un encuentro entre dos pero también puede ser causante de torrenciales, deslaves y otros caprichos de la naturaleza.
La ausencia de besos en cambio, según el sabio universal Jorge Ventocilla, puede causar la aniquilación de ciertas especies de flores y de aves… Estudios recientes indican que es una de las posibles causas de los terremotos en Japón. Y qué les digo de Sarigua, ahí el problema no fue de agua ni de sal, sino de ausencia. Aquella región sufre por los besos que no se dieron, incluyendo los más ardientes, los del adiós.
Hacia aquel paraje yermo debían peregrinar aquellos que se aman pero han olvidado para qué sirven los besos.
La gente que se quiere ayuda, y, la que no se quiere tanto pero se besa, también ayuda a que, por ejemplo, no se deprima más de lo que está la capa de ozono.
El calor de los besos que se comparten en el mundo nos protege del deshielo de los polos, debe ser por aquello de que “los polos opuestos se atraen”.
El beso es generador de turgencias y de urgencias de la piel y del instinto, pero yo hablo del beso cariñoso, no del escrutador; hablo del que se deja caer como gota de rocío en la otra o el otro. El beso que viaja de la cabeza al corazón y del corazón a la “marsedumbre” nos salva de descalabros, tristezas, dolencias, destierros.
Si un beso está solo se alimenta de esas partículas de memoria que solo tienen los besos y que regresan en un viaje a la humedad.
Si decidiera, el beso, darse democráticamente a la prójima eso representaría la multiplicación de los milagros.
Según el chamán Ologuagdi, del beso venimos todos y allí regresaremos todas las veces que sea necesario. Porque el beso es un fundador. Esa necesidad oral que traemos desde niño cuando conocemos el seno materno nos marca la hoja de ruta que se acaba solo cuando se deja de besar, porque el beso nunca muere.