El Real Betis superó un mal trago en los dieciseisavos de final de la Copa del Rey y accedió a la siguiente ronda, tras empatar ayer 2-2 con el Lleida, de segunda división B, que le metió el miedo en el cuerpo.
Cinco minutos, del cinco al diez, fueron suficientes para que el Betis, con goles de sus defensas centrales, Paulao y Amaya, dejara la eliminatoria casi imposible para un Lleida, al que había superado en la ida (1-2).
Fueron dos mazazos en la moral del equipo catalán que sirvieron al Betis para lavar y evitar otra sorpresa.