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Bienestar espiritual

A nadie le importa nada más que controlar que los desfiles sean de acuerdo a la moral y que las menores no se desnuden por una caja de pintas. Para rescatar a dos niñas con musiquita de superhéroes al fondo, están prontos. Y no es que esté mal, pero hay miles en condiciones iguales.


Agradecidos deberíamos estar. En serio. Agradecidos deberíamos estar con nuestros diligentes y dilectos gobernantes. No sé cómo se nos puede ocurrir criticar su forma de llevar las cosas. En realidad, si lo analizamos detenidamente, todo lo que hacen, lo hacen para mayor beneficio de nuestra alma inmortal. Lo que pasa es que no nos habíamos dado cuenta.

La familia presidencial al completo, alguna lagrimeando en el Consistorio Público del ya cardenal Lacunza, mantilla negra y peineta como manda la tradición (lo de la sudadera de Adidas del hijo en la foto se lo perdonaremos al chiquillo, concesión hecha al mal gusto). Lo de si es panameño o español no nos importa, porque ha sido adoptado como del patio y eso es lo que cuenta. Porque los españoles ladrones y asesinos son otros, no éste. Éste es un enviado del Dios Verdadero, que al parecer, a éste Dios no lo trajeron los conquistadores cuando llegaron a robarse todo el oro precolombino y a matar a todos los buenos salvajes que estas tierras medraban. En fin, que se supone que hay un cardenal panameño, bien. ¿Un logro de éste Gobierno?

En los carnavales, han velado con garbo y donaire por el pudor y las buenas costumbres, como buenos encomenderos. Respetando las leyes que les dicen que tienen derecho a “recibir y cobrar para sí los tributos (…), con rango de cuidar de los indios en lo espiritual y temporal”. Y ahí nos vamos. Todos en una gran encomienda. A nadie le importa nada más que controlar que los desfiles sean de acuerdo a la moral y las buenas costumbres y que las menores no se desnuden por una caja de pintas. Luego, nos arrean el Miércoles de Ceniza para arrepentirnos de nuestros pecados, y nos ponen de penitencia aguantar un año más la mala gestión y las estupideces.

Pero eso sí, para los gestos efectistas, para rescatar a dos niñas con musiquita de superhéroes al fondo, para eso están prontos. Y no digo yo que esté mal lo de las niñas. Pero hay miles de niños en condiciones iguales o mucho peores, y como esos casos no se han convertido en virales en las redes, a nadie (a casi nadie) le importa. ¿Quién sale a rescatar a los menores que piden en los semáforos? ¿A los que venden chicles en los restaurantes? ¿Tenemos que hacer un video cada vez que nos toque el cristal de la ventanilla del carro una niña cargando a un bebé? Y no me digan que no tienen conocimiento de esos hechos, están en la ciudad capital, cerquita de ustedes. ¿O es que sus coches oficiales tienen los vidrios demasiado tintados y no les dejan ver hacia afuera, o las ventanillas son demasiado altas y los pobres pequeños no llegan con sus manitas tan arriba?

Vivimos en un país donde lo que importa es el aparentar. Vivimos de pura imagen, de la imagen que damos, de la imagen que tenemos de los demás, del qué dirán y de lo que creemos que es. No nos importa la verdad, sino lo que nosotros creemos que es la verdad. Lacunza es panameño, las niñas se han salvado. Todo está bien. Nuestro Gobierno vela por nuestro bienestar. Ya podemos vivir tranquilos. Ya podemos dormir felices. Si Dios quiere y Dios primero.

Las carreteras están hechas un desastre, la basura bien ¿y usted?, no hay aceras, el patrimonio se desploma y nadie hace nada (por cierto, ¿nadie es La Merced?) pero nuestras almas inmortales están sanas como manzanas sin gusano gracias a los desvelos de nuestro gobierno. Gracias sean dadas a Dios.


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965162
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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