No encuentro mejor manera de despedirte, estimado Balbino, que escribiéndote esta carta.
Te preguntarás por qué la inicio con una refistulera despedida en francés. Te diré: para hacerte reír, para reírnos los dos de mi intento de sofisticación. Por esta vez, amigo Balbino, déjame farolear. En ese "hasta luego", sea en francés o en chocó, encierro lo más real y verdadero que te puedo decir. ¿Acaso no estamos todos en espera de recorrer el más sombrío y desconocido de todos los caminos?
Recuerdo que una vez me dijiste -hablando de la Muerte- que si algo le quitaba el aspecto tétrico y espantoso a lo más seguro que tiene el hombre, era que cuando nos llegara, al fin, sabríamos si hay o no vida después de la muerte. Y agregaste que si se ha vivido bien, la muerte no puede ser tan horripilante, pues significa una salida en hombros como de torero triunfante. Esas dos ideas se me quedaron en la cabeza. Te diré que son los pensamientos a los que me voy a aferrar cuando la sienta cerca.
Sé que recibirás otras despedidas más formales, serias y mejores que la mía, donde seguramente harán lista de tus indiscutibles y numerosos méritos. Sin embargo, por las dudas, debo aclarar a quien me lea, que tú, el Manuel Balbino Moreno Díaz a quien yo despido, fue Contralor, Ministro de Educación, Ministro de Agricultura y Educador (así, con mayúscula). Lo digo ahora que tu elegante modestia no me puede reclamar.
Nunca te conocí en los despachos sino en tus casas, la de Milla Ocho y la de Churuquita Grande (tenías que tener tu ganado en un pueblo de nombre tan sabroso). Allí vivías y compartías con tus amigos. ¡Ah, me entra la cabanga por aquellos desayunos campestres que nos brindaba Xenia: costillitas, michitas calientes, huevos de patio, yuquita frita y tazones de buen café. ¡Buco colesterol, ¡qué delicia! Fue allá, en Churuquita, donde nos recibiste cuando llegué con el equipo de Iván García a filmar el cuento "¡Ríe, Llorona, ríe! "Le diste posada a todo un ejército de paz. Y te hicimos divertir con la escena del pajarito al cual la heroína liberaba a la luz de la luna llena (después de cuatro intentos voló feliz, pues le soltamos la patita amarrada). Igual te vas tú, sonreído y libre, mientras nosotros, tristes, te despedimos.