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Biografía sentimental para Melina


Hace veintitantos años me tocó ayudar a hacer una niña. Usualmente se dice tengo una hija, pero esa no es la verdad porque es ella la que me tiene a mí, y a su madre, por supuesto. Pues bien hace unos días “la niña de mis ojos” llegó con la nueva de que debía hacer una biografía que expresara de manera pormenorizada su paso por este todavía “valle de lágrimas”. Me contó que la empresa se le había dificultado, pues le correspondía echar mano de la memoria, siempre esquiva; debía incluir rasgos de su personalidad, siempre cambiante; y algunos momentos estelares de su vida, no siempre tan estelares en esos tramos de la edad.

Contaba en su biografía sus acciones a favor de los menos privilegiados, su relación con los parientes más cercanos, de viajes y amores y otras geografías. En fin se trataba de una biografía sentimental.

Escribir acerca de uno es construirse una especie de espejo en donde mirarse de vez en vez para sumar alegrías y restar tristezas; es un poco saber cuánto se ha recibido y cuánto se ha dado y cuánto seremos capaces de entregar en el porvenir… Brevísima debía ser la biografía. Hay tantos que se empeñan en extender su lista de logros a veces de manera fraudulenta. Se engañan a sí mismos. Una biografía sentimental debe enumerar “la obra” de la vida, el ejercicio de la fe, el énfasis en el otro llamado prójimo. Recuerdo al Apóstol Santiago: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta”.

 

La biografía sentimental busca determinar no lo poco que se ha hecho sino lo mucho que nos queda por hacer. Cada vez que cumplimos años vamos acumulando mucho pasado y nos damos cuenta que nos queda poco futuro. Es cuestión de invertir el valor. Hasta es conveniente si se piensa bien. ¿Por qué vivir el día de hoy como si fuera el último? No está mal.

Pero, siempre él pero, ¿por qué no vivir cada día como si tuviéramos mucha vida por delante y nos trazamos muchas metas, metas ambiciosas, pero realizables en plazos perentorios. El error, la equivocación es la mejor de las maestras, es infalible. Aprendemos más de una caída vertiginosa que de un largo ascenso. Si mi vida es una equivocación me toca tomar lo mejor de esta para entregarlo a los que vendrán.


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656539
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América