Yoany Sánchez influye en todo el mundo, menos en Cuba. De nada, o de mucho le ha servido a esta filóloga cubana ser escogida por la revista Times como uno de los seis personajes latinoamericanos más influyentes del mundo y tampoco tuvo mucho peso ante el gobierno de su país, el hecho de que esta mujer de 32 años ganara el premio Ortega y Gasset en la categoría de Periodismo Digital.
Sánchez, quien ha dicho que "cada blog puede ser una gota de agua contra el muro", padeció esta semana las perturbaciones que produce la falta de libertad, luego de que al gobierno cubano no se le concedió permiso para tomar un avión rumbo a España a recibir el premio que auspicia el diario El País, desde hace 25 años.
El premio se le dio a la bloguera por su "perspicacia a la hora de sortear las limitaciones de la libertad de expresión en Cuba" y este tropiezo es la confirmación de que la premisa que sustentó el merecimiento es válida.
En el 2007 Yoany, ya convencida de que el código binario era más transparente que la rebuscada intelectualidad, decidió fundar el blog Generación Y, el cual fue creciendo hasta catapultarla al sitial en que se encuentra actualmente.
Casada con el periodista Reinaldo Escobar, también cubano, y madre de un niño de 12 años, a pesar de contar con una ventana digital a través de la que puede traspasar "el muro" a diario, Yoany Sánchez se autocritica al señalar que "me enredé en la aventura de tener un Blog llamado "Generación Y" que he definido como un ejercicio de cobardía. Pues me permite decir en este espacio lo que me está vedado en mi accionar cívico".
Pero, apenas un año después, su esfuerzo le ha dado réditos. El reconocimiento de Times, el premio Ortega y Gasset y, lo más significativo, es que está demostrando que la apertura del gobierno de Cuba no pasa de ser una escaramuza superficial y propagandística.
Yoany lo sabe y se lamenta: "Esta incómoda infancia cívica, en la que necesito pedir permiso para casi todo, no acaba de convertirse en mayoría de edad. Antes eran mis padres los que vigilaban que no me tragara un tornillo o que metiera los dedos en el tomacorriente, ahora la supervisión viene por parte del Estado. Bajo la "protección" de este rígido tutor, no hay mucho espacio para jueguitos ni para retozos; mucho menos para salir solo... ¡Qué ganas tengo de crecer… de hacerme adulta y que me dejen salir y entrar de casa sin permiso", dice en su blog, al cual afortunadamente todavía no le ha caído la censura.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) también supo interpretar lo que sucede en la isla de los Castro.
"Este hecho desenmascara al nuevo Gobierno que continúa con las mismas restricciones a la libertad de expresión y de prensa", dijo Gonzalo Marroquín, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP.
Antes de que se confirmara la negativa del permiso, Yoany Sánchez había dicho por teléfono a los periodistas de El País que "el caso es un test perfecto para comprobar si la apertura anunciada por Raúl Castro es real o queda simplemente en discursos". Tenía razón.
Además del reconocimiento a su valentía, todas estas distinciones han servido para demostrar que las cosas no han cambiado mucho en Cuba. Ya no está Fidel. Ahora está Raúl, pero la catástrofe sigue siendo la misma.