Bogotá y Washington evaluaron ayer la aplicación del Plan antidrogas, teniendo como telón de fondo entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, que según Estados Unidos no arroja resultados satisfactorios.
La visita de los funcionarios estadounidenses, encabezada por el subsecretario de Estado para Asuntos Exteriores, Marc Grossman, empezó un día antes de la reanudación de las conversaciones de paz entre las autoridades y las FARC, que retomarán la discusión del espinoso asunto del cese al fuego y las hostilidades, así como el desarrollo socieoeconómico de Colombia.
Según la Casa Blanca, el proceso de paz colombiano iniciado en 1999 no arroja resultados satisfactorios debido a la falta de voluntad de las FARC, la mayor guerrilla del país con 16.500 combatientes.
Washington considera que los rebeldes han dado un mal manejo a la zona desmilitarizada de 42 mil km2 del sur del país que controlan desde noviembre de 1998, donde se celebran las conversaciones y cuya vigencia legal vence el próximo 9 de octubre.
Aunque el encuentro entre la delegación estadounidense y el Gobierno colombiano se centró en el Plan Colombia, al que la Casa Blanca aporta 1.300 millones de dólares en ayuda económica y militar para irritación de los rebeldes, se indicó que no habrían temas vedados para ninguna de las delegaciones, dijo a la