Los bolivianos permanecieron ayer en sus hogares para ser empadronados en un censo nacional de población y vivienda que paralizó totalmente al país. El censo, el primero en nueve años, se desarrolló bajo un "Auto de Buen Gobierno" que suspendió todas las actividades públicas y privadas a partir de la medianoche del martes.
La norma se prolongará por 21 horas (hasta el cierre del censo, a las 0200 GMT de ayer) e incluyó una ley seca, además de expresas prohibiciones para la circulación de personas en las ciudades y sectores rurales en esta nación de unos 8,3 millones de habitantes.
Las disposiciones legales interrumpieron la totalidad de servicios de transporte terrestre, aéreo, lacustre y ferrovario, tanto de pasajeros como de carga, en el vasto territorio boliviano, cuyas fronteras también permanecerán cerradas hasta la conclusión del censo.