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El béisbol es una especie en peligro de extinción en Puerto Rico. No es raro ver a menos de cien personas en las gradas en los partidos de la liga invernal, y los mejores peloteros boricuas le dijeron adiós al torneo hace tiempo.
En la calle, el ciudadano común prefiere seguir las incidencias de las mayores, de la NBA o del baloncesto local, y ni dos temporadas de los Expos de Montreal lograron resucitar al que algún día fue el deporte rey en la isla.
Ahora es el turno del Clásico Mundial de Béisbol de arrojar un rayo de luz sobre el alicaído deporte, y algunos aficionados sueñan con que despierte el interés dormido en el béisbol. El estadio Hiram Bithorn de San Juan es sede de las dos primeras rondas del torneo.