Temerosos de sufrir una humillación en el debut del Mundial de 2002 similar a la que Senegal causó a Francia, el técnico brasileño Luiz Felipe Scolari y sus jugadores han tomado medidas extremas de seguridad para enfrentar el lunes próximo a Turquía, en la primera jornada del Grupo C.
La caída de los encopetados campeones del mundo por 0-1 ante los “leones de Teranga” en Seúl dio desde el viernes pasado nuevo valor a expresiones tópicas en el fútbol del tipo “no hay rival pequeño”, “ningún partido se define antes de los noventa minutos” o “la camisa no gana partidos”.
Las figuras brasileñas demostraron ayer que aprendieron la moraleja impuesta por Papa Bouba Diop con su gol al equipo de Roger Lemerre y se refirieron a Turquía como un rival digno y merecedor de todo el respeto.
Nada parecido al discurso de Roberto Carlos días atrás según el cual Brasil necesitaría apenas del 40 por ciento de su potencial para deshacerse de los dirigidos por Senol Günes.
Las preocupaciones reflejadas en el rostro y con los gritos de Scolari a sus jugadores en los últimos entrenamientos tácticos demuestran que el equipo llegará al partido en el estadio Monsu, de Ulsan, si haber ajustado debidamente los reglajes de su defensa.
Un error que suele ser letal cuando se enfrenta a equipos familiarizados con lo que algunos denominan “tácticas futbolísticas de guerrilla”, que consisten en aguardar en trinchera el error del adversario, atacar por sorpresa, sólo por sorpresa, y replegarse a toda velocidad tras la acción.
Las dificultades previstas por Scolari para neutralizar el estilo de los pupilos de Günes radica en que “los defensas en Brasil no están acostumbrados a marcar al jugador. Sólo al balón”, según dijo.
Según la queja del entrenador, si el defensa se dedica exclusivamente a ejercer presión sobre el esférico, perderá la noción de los movimientos a espacios libres del contrincante, con lo que un pelotazo diagonal desde cualquier sector puede tomar a sus hombres fuera de foco y acabar con el partido.
Además de las vueltas de tuerca a la defensa dadas en los últimos días, el estratega se jugó una carta ofensiva, la inclusión de Juninho, para compensar el momento discreto que vive Ronaldo tras casi dos años de ausencia de las canchas, y la lenta recuperación de Rivaldo de sus problemas de articulaciones de miembros inferiores.
En la esquina del equipo otomano, las preocupaciones se han concentrado en administrar la ansiedad de sus jóvenes jugadores con el debut en una cita a la que no se acudía hace 48 años.
“Es mejor no hacer mayor comentario; irnos tranquilos a Sacramento con la conciencia que hemos vuelto a demostrar nuestra superioridad en el campo y completar la misión en el séptimo partido”, comentó Divac. “No tiene ningún sentido lamentarnos porque el marcador no se va a cambiar”.