“¿Quién oyó? / ¿Quién ha visto lo que yo?” Góngora
Nunca se es muy viejo, excesivamente serio o muy sabio para no creer en duendes, yoginis o daimones.
¿Sonríes burlonamente? Acaso ingnoras que Sócrates conocía de la existencia de los daimones y que llegó a conocer personalmente el suyo? ¿Quién tú crees que le insufló el dorado valor para enfrentar la muerte con tal serenidad?
Encuentra tu duende o enfrentarás el peligro de herir tu fantasía y dejarla morir de inanición.
Tal vez te interese cómo localizar a tu dáimon, si quieres, te ayudo.
El mío lo encontré porque le gustaba estar abrigado entre las páginas de Gordon Pymm, saboreando las metáforas del Kapput de Malaparte y acompañando en sus borracheras a Mitia Karamásov. Lo escuché tarareando “De repente” de Aldemaro Romero; vi cómo se convertía en una nota sostenida del concierto # 1 de Tchaikovsky. Durmió al lado de Barshnikov cuando bailó la siesta de un Fauno. El cine tambien lo atrae. Una de sus favoritas es Cartas desde Iow Jima. Me hubiera sido imposible correr en un campo de girasoles con la oreja de Van Gogh en la mano sino es por mi dáimon.
Ellos vagan, un poco aburridos, mirando, calificando, escogiendo a los seres humanos. Desprecian la gula y la codicia, les resulta indiferente la envidia y la ira, aborrecen la crueldad, les sorprende la soberbia y aplauden la lujuria. Si les interesa un ser humano, lo habitan. Entonces comienzan a intervenir en lo que llamamos “la suerte”. No se trata de convertir en un dios la palabra p?t???, “suerte”, que contiene una idea semejante. El sentido corriente de las palabras es el más antiguo y original: “suerte”, “sino”, “lo que le cae en suerte a cada uno”. Cuando ocurre algo impensado, algo inesperado, el hombre no siempre invoca a los dioses o al “poder”. Habla seguramente de su suerte, la que le toca en las cosas que ocurren, así como habla de porción, de la parte en una comida. Corresponde también a su “porción” el hecho de que todo no marche como lo desea. Esas porciones son la cuota obligada y normal de reveses y desgracias, también de éxito, amor y felicidad que gozan hombres y mujeres. Cuando alguien acapara más de lo que corresponde a su cuota, la expresión “por encima del Destino” (??p?? ?????, ??p?? a?sa?), sorprende. Los iniciados sabemos que se originó por misteriosas intervenciones de las etéreas yoginis y los galantes daimones.