Las patrullas de rescate, provistas de palas y azadas, excavaban afanosamente ayer un océano de lodo en busca de víctimas de las inundaciones y deslizamientos que mataron al menos a 46 personas en el estado de Río de Janeiro.
Dos días de lluvias torrenciales anegaron las zonas bajas cerca de Río y provocaron el desmoronamiento de varias colinas que sepultó casas y residentes bajo toneladas de barro y forzó a centenares de personas a abandonar sus hogares, dijeron las autoridades.
En esta ciudad a 65 kilómetros al norte de Río, se extrajeron tres cadáveres más en la madrugada de ayer, lo que elevó la cifra de muertes aquí a 31, dijo Sonia de Carvalho, trabajadora de la defensa civil estatal. Unos 1,500 residentes se vieron forzados a dejar sus viviendas y fueron alojados en escuelas públicas e iglesias, dijo.
Una mujer dijo que quedó semienterrada bajo el lodo pero que fue extraída por su sobrina. "Sin su ayuda seguramente me habría muerto", aseguró Lenir Cabral en una entrevista por televisión. "Estaba enterrada hasta la cabeza".
REFUERZAN ESTADO DE ALERTA
La Defensa civil reforzó ayer el alerta máximo en todo el Estado de Río de Janeiro ante la previsión de la continuidad del mal tiempo en los próximos dos días.
Informes sobre el saldo de víctimas llegaron a elevar a 46 el número de muertos por los deslizamientos de lodo causados por las lluvias, pero la Defensa Civil informó que el deceso de dos de las personas inicialmente incluidas entre los fallecidos no tuvo relación con el desastre.