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Cabalgando con el peligro

En las últimas reuniones han sido constantes las rodadas de los jinetes y los ejemplares lesionados.


UNA LISTA interminable de sujetos andando en silla de ruedas y, en casos extremos, de víctimas fatales, dicen mucho de lo peligroso que es encaramarse sobre una bestia de 1000 libras y que se mueve en galope extremo.
Los primeros nueve meses de este año en Panamá evidencian que la profesión de jinete representa un riesgo a tiempo completo.
La desaparición física del galopador Manuel Morales, en junio, la pérdida de un miembro que sufrió Henry Barría, además de las incontables rodadas semanales, han despertado la inquietud de propios y extraños.
"Hay de todo un poco", manifestó el presidente de la Unión de Jinetes, Antonio Linares, al referirse a las causas de los accidentes.
Según Linares, uno de los factores es la manera desordenada como montan algunos de sus colegas, así como el estado de la pista y el comportamiento propio de los animales.
El dirigente, que tiene bajo su égida a 58 látigos, aseguró que los "muñecos de seda" están protegidos desde el momento que egresan del Centro de Formación de Jinetes.
Generalmente los recién graduados no cumplen con la mayoría de edad y por ello no pueden ingresar al régimen de seguridad social, pero sí entran a la cobertura del seguro de vida que paga la empresa que administra el hipódromo.
Linares explica que en caso de que algún jinete menor se lesione y sufra incapacidad temporal, la Unión corre con una mensualidad, mientras dura la misma. Ese fondo surge de los aportes que hace el resto de los jinetes (los profesionales).
Pero, además de eso, los jinetes no salen a la pista sobre sus pencos sin protección. Un casco, generalmente hecho con fibra de vidrio que pesa entre una libra y libra y media y cuesta unos 80 dólares, sirve de escudo a los golpes que pudieran sufrir en el cráneo. A ello se suma un chaleco protector, de reciente data, pero que ha sido muy efectivo, por lo cual se ha vuelto de uso obligatorio universalmente.
Aunque los accidentes dentro de la hípica son como el pan nuestro de cada día, la seguridad para los jockeys es un tema fundamental, incluyendo a aquellos que vienen a montar por contratación especial para una carrera específica, ingresan a la póliza de seguro que paga el operador del hipódromo.
Dicha cobertura es de unos B/.5,000.00 e implica muerte o desmembramiento. "Con 5 mil no se hace nada, uno siempre aspira a más, pero como la empresa no está ganando dinero y la situación del país no da para más, tenemos que montar así", dice el resignado Antonio Linares.
A pesar de todo, cuando se pasa revista a los accidentes trágicos en las dos pistas del hipódromo que durante 49 años ha sido escenario de las carreras en Panamá, sólo se encuentran seis nombres.
Muy pocos si lo comparamos con los registros mundiales, que seguramente dan cuenta de mucho más que eso anualmente. Quizás por eso Antonio Linares dice que: "Hasta donde se puede, estamos bien".
No todos los jinetes están asegurados. El Seguro Social es voluntario, muchos jockeys, los que no montan siempre, no pagan cuotas regularmente. Los que montan 10 ó 15 caballos por semana, sí.
Ahora se les deduce el 3.5% y no el 7% porque la situación se vino abajo y todos los jinetes acordaron bajar la cuota.
El jinete que no paga sus cuotas se le dan 2 ó 3 meses y después se le excluye. Los galopadores tienen otro acuerdo. Trabajan independiente, se relacionan con los dueños y los entrenadores.

 


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202979
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América