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Calma, pueblo


Aunque haya quienes nos quieran hacer ver lo contrario, todos sabemos que ya no es lo mismo. No somos tan libres como antes, la ciudad no es tan segura, conducir por sus calles es un suplicio y todo nos cuesta más.

Sí, todo nos cuesta más. Y no estamos hablando de precios, valores ni tarifas; ese es otro cuento. Nos cuesta más comprender por qué nuestro destino está siendo determinado por una minoría indolente e insensible; cuesta levantarse cada día e imaginar con qué nuevo tropiezo nos encontraremos en la vía y, cuesta mucho más, andar sobre estas alfombras de concreto, mirarse en esas paredes de cristal y llegar a la conclusión de que son tan huecas, tan vacías, como los faros que las iluminan durante las noches de esta ciudad fantasmagórica, en la que se ven más luces que gente.

Y nos sigue costando. Pensar en los meses por venir, planificar nuestras vidas en función de las nuevas reglas que impone el sistema, no será fácil, nunca lo fue; pero nos alienta algo que siempre ha distinguido a este pueblo, a su gente: la imaginación.

 

La diferencia de los momentos actuales con respecto al pretérito es que debemos afinar esa agudeza que nos es propia para no ser engullidos por las tensiones sociales que a diario nos dan los buenos días.

Puede que nos cueste más reírnos o hacer de todo un chiste, como ha sido nuestra costumbre, lo que no debemos tener es miedo. Los que parecen fuertes generalmente son más débiles que nosotros, eso se percibe a leguas.

Así que, aunque nos cueste más llegar a nuestro destino, adquirir un bien, hacer valer nuestros derechos o dejar escuchar nuestra voz en medio de una sociedad de sordos, no nos sentimos vencidos.

 

Puede que todo nos cueste más, pero siempre es bueno ver el lado positivo. Esa es nuestra fortaleza y mientras tanto, vale la pena recordar una frase que por mucho tiempo se hizo popular en Panamá: Ante la zozobra, calma, pueblo.


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674179
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América