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Camino al libro


Iniciamos la semana pasada un sendero que propone acercarnos al texto escrito, ahora que estamos casi en vísperas de la Feria del Libro (24 al 28 de agosto). Para tal fin, dedicamos las columnas del mes a mostrar algunos modos para aproximarnos.

Escogemos para tal fin el cuento breve contemporáneo, un modelo artístico que por su extensión y sustancia facilita la tarea de mostrar la importancia de los roles del narrador y del lector a la hora de sacar provecho al género. Un cuento, a diferencia de la novela, siempre trata una situación en particular; aquella aborda múltiples situaciones enlazadas por una trama común. Eso sí, la brevedad del cuento no implica simplicidad ni falta de miras, al contrario.

Día D, desde su creación, ha publicado narraciones de autores nacionales contemporáneos, en las que se conjugan las características que trataremos. El cuento siempre es útil, tanto en el aula como en el ámbito personal, para amistarnos con el libro en general, lo que para algunos resulta amedrentador.

 

Tal vez yendo parte por parte el asunto sea más sencillo. Veamos: un cuento, como género narrativo, está sostenido por cinco pilares fundamentales: tono, atmósfera, lenguaje, personajes y recursos. Compartamos “Lingüistas”, del genial uruguayo Mario Benedetti (1920-2009), y luego revisemos esas columnas:

“Tras la cerrada ovación que puso término a la sesión plenaria del Congreso Internacional de Lingüística y Afines, la hermosa taquígrafa recogió sus lápices y papeles y se dirigió hacia la salida abriéndose paso entre un centenar de lingüistas, filólogos, semiólogos, críticos estructuralistas y desconstruccionistas, todos los cuales siguieron su garboso desplazamiento con una admiración rayana en la glosemática.

De pronto las diversas acuñaciones cerebrales adquirieron vigencia fónica: ¡Qué sintagma! ¡Qué polisemia! ¡Qué significante! ¡Qué diacronía! ¡Qué exemplar ceterorum! ¡Qué Zungenspitze! ¡Qué morfema!

 

La hermosa taquígrafa desfiló impertérrita y adusta entre aquella selva de fonemas. Solo se le vio sonreír, halagada y tal vez vulnerable, cuando el joven ordenanza, antes de abrirle la puerta, murmuró casi en su oído: «Cosita linda».”

El tono es el modo en que se nos cuenta la historia, las emociones que muestra el narrador. En este cuento, el tono tiene algo de humorístico, y bastante de satírico (usted puede encontrar otras facetas). La atmósfera es lo que rodea al cuento, el ambiente que enmarca lo narrado y lo condiciona; puede ser explícita o apenas una sensación sugerida (en “Lingüistas”, algunos detalles configuran una atmósfera de muchedumbre, de calor, quizás de incomodidad). El lenguaje se distingue por el nivel empleado: vulgar, coloquial o culto; en este caso es, principalmente, culto con inclinación al tecnolecto (terminología de una especialidad). Los personajes son los que llevan a cabo las acciones; aquí, si bien se adivina una multitud de personajes, la taquígrafa y el ordenanza acaparan el protagonismo.

En cuanto a los recursos, estos dependen de la maestría del narrador. Benedetti emplea el lenguaje como recurso central, haciéndolo denso a propósito, primero, para luego colocar del otro lado de la balanza una expresión coloquial, leve como una pluma, pero de un peso decisivo en el argumento, siendo la que desata el nudo de la narración cuando esta desemboca en el piropo del ordenanza.

 

Ahora bien, no admita que le pregunten qué quiso decir Benedetti con esta historia; pregúntese qué entiende usted; ¡eso es lo fundamental! No hemos terminado, seguimos el otro domingo, pero antes de irnos, expreso mis saludos a la ciudad de Panamá, que mañana cumple 492 años de fundada; y a mi madre, María Edelia Alvarado, que apenas llega a los 83. Bendiciones.


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716420
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América