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Canto de amor: Israel y Palestina


Cuando Goethe escribía los versos de su West-Eastern Divan, y se entretenía con devaneos seniles con una mujer casada y mucho más joven que él, no podía imaginar que su idea, de acercar a oriente de occidente por medio del arte, se continuaría casi 200 años después.

La orquesta West-Eastern Divan fue creada en 1999 por el pianista y director argentino-israelí, Daniel Barenboim, y el intelectual y activista político palestino Edward Said (1935-2003). La Fundación Barenboim-Said, con sede en la ciudad de Sevilla, España, desde el año 2002, desarrolla además de la orquesta otros proyectos: la Academia de Estudios Orquestales, el Proyecto de Educación Musical Infantil en Andalucía y el Proyecto de Educación Musical en los Territorios Palestinos e Israel.

El 1 de agosto pasado, mientras Israel y Líbano intercambiaban balas en la frontera, en Madrid, Daniel Barenboim dirigía a una orquesta de jóvenes compuesta, en su mayoría, por árabes e israelíes. La West-Eastern Divan tiene como uno de sus objetivos pedagógicos, la convivencia de jóvenes procedentes de países a veces en conflicto. Cada verano, la orquesta hace una gira después de unos talleres intensivos en Sevilla, dictados por prestigiosos profesores de la Orquesta Estatal de Berlín, que también dirige Barenboim. Tocaron en Madrid después de haberlo hecho en Ronda y Sevilla, y de aquí parten para Pekín, Shangái y terminan su gira asiática en la Zona desmilitarizada entre las dos Coreas.

 

El repertorio del concierto, en la Plaza Mayor de Madrid, consistió en el Andante-Adaggio de la Sinfonía N° 10 de Mahler y la Sinfonía N° 5 de Beethoven. Daniel Barenboim dirigió con sobriedad a una orquesta de jóvenes compuesta por 37 israelíes, 41 árabes y 22 españoles, que le responden como una extensión de sus brazos. La dirección del maestro argentino no admite excesos, sólo los movimientos necesarios, y a veces ni siquiera eso, sino que los deja tocar, porque el trabajo ya está hecho en los ensayos. Nada de gestos exagerados, como acostumbran algunos directores para llamar la atención del público y esconder el poco estudio que han hecho de la partitura. La interpretación fue clara pero expresiva. La West-Eastern Divan nos mostró por qué Beethoven es un maestro del contrapunto y destacó cómo, de una idea de cuatro notas, se puede hacer una obra monumental.

Tras la cadencia apoteósica del Allegro final de la Quinta Sinfonía de Beethoven, vino la ovación de pie más larga que he presenciado en un concierto. Y que tomen nota los puristas - porque no sólo pasa en nuestros países- el público aplaudió cada movimiento de la obra y hasta gritó bravos al final del primero. Y si se piensa que la audiencia no era demasiado culta por semejante exabrupto, habrá que preguntarle al Nobel Vargas Llosa, que junto a 3,500 personas sentadas y muchas más de pie, aplaudieron hasta conseguir uno de los regalos más sublimes: el Adagietto de la Sinfonía N°5 de Gustav Mahler.

Este fue un concierto memorable, y lamentablemente quizás sea histórico, porque de ganar las elecciones el Partido Popular (partido político conservador de España), eliminará la ayuda financiera que apoya a la West-Eastern Divan y a los otros proyectos de la Fundación. Daniel Barenboim enfatiza que “Andalucía es el lugar del Diván. Es el único sitio del mundo en el que judíos y musulmanes han vivido en una paz real". La Fundación Barenboim-Said es consciente de que “aunque obviamente la música no resolverá el conflicto árabe-israelí, sí tiene importancia en el acercamiento entre las personas, brindándoles una oportunidad de conocerse. El único aspecto político que se extiende por el taller es el acuerdo acerca de que no existe una solución militar al conflicto”. Ojalá la música en el mundo siga inspirando razonamientos como éste, y en vez de balas se intercambien notas.

 

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716414
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América